La ausencia total de planificación


Darío Ruiz Gómez 

En una entrevista del canal de “Teleantioquia” a un grupo de constructores, uno de estos, anuncia que en Sabaneta tiene cincuenta proyectos de vivienda. Lo que más sorprende al visitante de este municipio es la manera como cambió la imagen de la población con la inmisericorde proliferación de torres de vivienda y una irracional densificación  que no tuvo en cuenta las normas urbanísticas que exigen, universalmente, un debido retiro de la acera, áreas de recreación, escala, trazado de vías, amoblamiento,  lo justo ante la presencia de una nueva población. Porque ante la ausencia total de planificación se ha comenzado a destruir la malla existente, caotizando la vida cotidiana de los antiguos habitantes. ¿Estaban preparadas para esta densificación las redes de acueducto, de electricidad, de alcantarillado? ¿Fueron construidos los nuevos recolectores de aguas negras? ¿Previó la Secretaría del medio ambiente la protección del paisaje como uno de sus valores más característicos, caso de la cuenca de la quebrada “La doctora”? ¿Previó la necesidad de defender los valores ambientales de los viejos barrios como un necesario valor de referencia?

Sabaneta Campeón
Es en este punto donde la reglamentación debió ser más intransigente ante los llamados constructores y su desmedida densificación que ignoró la necesidad de equilibrar, sin trauma alguno, las nuevas construcciones con el casco tradicional. La tarea previa de urbanizar los terrenos no se ha cumplido y el desorden comienza a mostrar sus efectos letales.¿Dónde estaba la oficina de Planeación? ¿No se habló de Sabaneta como el nodo de un plan ejemplar de integración con los municipios vecinos y de construir el rascacielos más alto de Latinoamérica? ¿Qué clase de urbanistas fueron capaces de engañar a los ciudadanos y autoridades con semejantes despropósitos? Cuando otro de los constructores entrevistados dice orondamente que aún quedan para densificar barrios como Belén, La Floresta, La América, se está refiriendo nada menos que a los barrios que se salvaron de esta locura inmobiliaria que acabó con El Poblado, Boston, Buenos Aires, barrios  donde todavía hay calles y arbolado,  esquinas, vida de vecinos, escala arquitectónica, una forma de urbanización que debe ser defendida como el derecho de sus  habitantes  a vivir en los espacios que legitimaron.

Es aquí donde me pregunto por la ausencia de una entidad como el Área Metropolitana supuestamente encargada de la planificación ambiental del desarrollo urbano de los distintos municipios que la componen, encargada de velar por la calidad urbana de todo el Valle de Aburrá, por la debida reglamentación de la construcción, evitando que los bordes urbanos se conviertan en tierra de nadie, que los constructores olviden las reglamentaciones vigentes y necesarias para la convivencia ciudadana, evitando mediante los debidos y periódicos informes, tragedias anunciadas como las de La Gabriela. El urbanismo es siempre la responsabilidad de contar con una lectura precisa de los distintos procesos urbanos  evitando  que estos caigan en la anarquía, impidiendo  los  abusos contra los ciudadanos.  Esto es evitar las consecuencias de deterioro, lumpenización,  propios de las malas  soluciones de vivienda y de la pérdida del tejido social a través de la especulación.

¿Solamente responsabilidad de los Curadores? La politiquería, el amiguismo han ido permitiendo que  algunas de estas entidades caigan en manos de personas no idóneas que desconocen la complejidad de una problemática, cuya solución es fundamental para resolver los problemas de absurda inequidad que vivimos, el desplazamiento, como abierto despojamiento de la propiedad, la presencia creciente de gentes de la Costa y del Chocó, de los pueblos, que buscan ser integrados a la vida de la ciudad, bajo un replanteamiento territorial,  el aumento del desempleo, complejidades económicas, políticas, que no están siendo enfrentadas debidamente, tal como lo exige una ciudad cuya estructura social se ha modificado radicalmente debido a los conflictos internos, a la presencia de capitales sin origen conocido.