¡BiciRutas Patrimoniales! 🚲




Existen varias categorías de trayectos patrimoniales, esta vez realizaremos uno de los que hemos llamado “circuitos histórico culturales a bienes inmuebles de valor patrimonial”, los cuales están insertos en la periferia, en este caso iremos a El Jordán, una casa relevante del Patrimonio de las sociabilidades, paseos, fiestas y músicas del siglo XIX y XX, que en la actualidad se ubica en la comuna siete (7) de la ciudad, y cuya extensión de recorrido en bicicleta no supera los 10 Km.

Fachada frontal del Jordán a principios del siglo XX, con su aviso de baños “Casa fundada en 1891”. Foto de la Familia Burgos, publicado por Rosa María Pérez. Investigación Histórica Luis Fernando González Escobar 2015


La ruta patrimonial que haremos es un circuito a través de la arquitectura barrial, contextual y no monumental de los habitantes de los márgenes de la ciudad de Medellín. De la misma forma, es la posibilidad de reconocer en estas materialidades vernáculas las huellas del crecimiento urbano en los espacios y residencias que se construyeron en Robledo para el encuentro y la diversión, al ser un paraje o zona de paso, en el “Camino Real” a San Cristóbal y Santa Fe de Antioquia.

Ciclistas participantes de la BiciRuta Patrimonial
  • El pasado del siglo XIX y XX de la ciudad.
  • San Siro, Aldea de Anápolis, El Cucaracho, Robledo Parque.
  • Los pobladores y habitantes de los barrios de Medellín por 125 años.
  • La historia barrial a través del crecimiento urbano y de la zona.
  • Los rituales y costumbres de los estaderos de paseo y las fondas de paso.
  • Los caminos y automóviles: el carretero, el tranvía, las chivas, los buses y carros.
  • Las músicas y sociabilidades a través de un siglo.
  • La arquitectura regional y el conjunto paisajístico funcional de la vivienda tradicional.
  • La producción cultural de bohemios, clientes, intelectuales, pintores y demás personas que hicieron del lugar un referente territorial en la vida de la urbe.

Render de la proyección de la restauración integral de El Jordán como Centro cultural.
Conclusión
El Jordán es un lugar referente de memoria urbana por lo que se vivió allí desde que fuera unos “baños de las afueras” en la última década del siglo XIX, hasta las tertulias de los intelectuales en las últimas décadas del siglo XX, y las proyecciones a futuro para los archivos y las culturas musicales folclóricas y académicas de Medellín, Antioquia y la Costa en el siglo XXI.


Descargas
Conoce más sobre el recorrido y la temática enhttp://patrimoniomedellin.gov.co/biciruta-el-jordan/
Para conocer el texto de investigación completo, puede descargarlo haciendo clic aquí
Enlace a la versión digital de la presentación El Jordan: https://goo.gl/81YvKf 


BiCiRutas Patrimoniales es un proyecto/actividad de la Unidad de Memorias y Patrimonio de la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín en asocio con el Colectivo SiCLas.

Divagaciones canguilharawayanas

Tocadora de tímpano. La autómata de Maria Antonieta.
¿De dónde viene eso de que tenemos necesidad de pensar por oposiciones bipolares? Algunos, a partir de Platón y Aristóteles, pretenden que eso procede de la oposición entre la izquierda y la derecha[1]; otros dirán que es la diferencia de los sexos la que comanda el binarismo de nuestro pensamiento. La figura de Cyborg tiene el interés de proponer un enfoque neodialéctico de las dicotomías. El propio término “cyborg” es una palabra-valija, compuesta de dos partes: cibernética y orgánico, irreconciliables, imposibles de fusionar, y sin embargo irrevocablemente asociadas la una con la otra, en una unidad coja.

Se considera a menudo a un individuo viviente con un estimulador cardíaco o con una bomba de insulina como “Cyborg”. El dispositivo le permite vivir acallando su dolor o paliando sus insuficiencias del organismo. Pero al mismo tiempo, la inserción de la máquina en el cuerpo marca una intrusión por medio de la cual el cuerpo es como anexado a un régimen de regulación que lo rebasa; parece renunciar a una parte de su autonomía para entrar en un régimen de dependencia de la técnica.

Repensar Cybor en Organorg, es decir que los humanos han integrado desde hace tiempos técnicas en ellos, en sus gafas, en sus vestidos, en sus palabras, que nunca han sido naturales, en bruto, que nunca han estado por fuera de la técnica. En suma, que Cyborg no es un objeto futurista; que el compuesto de organismo y de máquina, o también de humano y de técnico existe ya.
Intergalactic Pin-Ups who fulfill Sci-Fi fantasies
Dicho de otro modo, la maldición de Ícaro ha sido levantada[2], la violación infligida a RoboCop fue alejada[3], y la angustia ligada a la intrusión del Bioport se ha desvanecido[4].  Una vez sus contornos han sido rediseñados (o debilitados) ya Cyborg sólo es en Organorg sólo un nuevo nombre para designar la instrumentación o el recurso a las herramientas, teniendo como cláusula adicional un cierto tipo de inserción de la herramienta en el organismo, no por un injerto sino por una composición individuada.

Organorg es el resultado de una larga tradición de instrumentos y de toda una cultura de objetos que podemos reinterpretar como medios de mejorar sus actuaciones y de completar sus facultades. Organorg (organismo con instrumentos exteriores integrados) aparece ciertamente como un nuevo compuesto fuertemente individuado, pero este individuo nuevo se encuentra provisto de un conjunto de dispositivos (los cinco sentidos orgánicos o diferentes instrumentos perceptivos que le proveen diversos datos de los que podría hacer uso: visión infrarroja, percepción ultrasonido, etc.) que contribuyen todos a su conservación como individuo. El individuo exige, para realizar su objetivo (sobrevivir) que se opere un triaje normativo en su medio, una valorización de su entorno.

Entonces ¿hasta dónde se puede mantener la distinción Cyborg/Organorg? Como ocurre con toda pareja, la distinción se mantiene y al mismo tiempo se marchita. Si se los quiere acercar, habremos de recordar que Cyborg (tal como lo concibieron Clynes/Kline) tiene pretensiones extremadamente modestas. Si les creemos, es un simple dispositivo que no modifica lo humano más allá de lo que lo haría leer un libro o conducir una bicicleta. En particular, la identidad sexual de Cyborg no está alterada: él-la sigue siendo hombre o mujer. Sin embargo, forzoso es constatar que pasando del laboratorio experimental a la filosofía y a la ficción, Cyborg ha escapado de alguna manera de sus creadores; necesariamente, las creaturas se ensalvajan. 

Pienso pues que lo biológico y lo político deben ser desconectados. Sostengo incluso que el sexo debe desaparecer de nuestras cédulas de ciudadanía, o de nuestra inscripción a la seguridad social, como marcador de identidades en los documentos administrativos. No comprendo por qué se me pregunta que precise si soy un hombre o una mujer en el momento de tomar un avión.  Pues en este punto pienso que la sociedad es todavía demasiado fijada en la idea de identidades estables que hay que preservar, mientras que una sociedad democrática debe permitir que se expresen toda suerte de identidades y de historias individuales.  Y para eso, no tiene por qué reglamentar y regimentar los sexos de las personas, apoyándose en ninguna base natural.

El libro de Thierry Hoquet es una consagración a la figura socrática de Cyborg para cuestionar las dicotomías que recorren hasta nuestros días la tradición filosófica. La que nos interesa en la actualidad es la del femenino y del masculino, y la manera como ella funciona como apropiación de la cultura por parte de lo masculino.

Para conocer la traducción realizada por Luis Alfonso Paláu C del segundo capítulo, Cyborg y organología general puedes descargarlo haciendo clic aquí.

Para conocer la traducción por Luis Alfonso Paláu C de la entrevista que le hicieron en  Cahiers philosophiques, puedes descargarla haciendo clic aquí.



[1] T. Hoquet, op. cit., § 12.3.  < 12.3 A/simetrías    “¿De dónde viene el dos?” pregunta Cyborg.  “Todo el cuerpo está trabajado por un principio de simetría”, responden los Amigos de lo Dual; de esta manera, izquierda/derecha estaría en el origen de todas las parejas.  La dicotomía nacería de la bilateralidad.  Platón observa: se divide por dos, como existe el miembro derecho y el miembro izquierdo, y uno se deja guiar por esta duplicidad orgánica (Fedro, 265 e – 266 a).  Y Aristóteles observa: “el hombre tiene dos partes superiores e inferiores, anteriores y posteriores, izquierdas y derechas”; ahora bien, sólo estas últimas dan impresión de simetría.  ¿Por qué pues –se pregunta Cyborg– concederle ese privilegio a izquierda/derecha?  Y sobre todo ¿por qué el propio Aristóteles, tan pronto haber escrito: “las derechas y las izquierdas son casi semejantes en sus partes e idénticas en todas las cosas” viene a añadir: “pero las izquierdas son más débiles que las derechas”? (Aristóteles, Historia de los animales, I, 15) Cyborg gruñe: Aristóteles revela pues que la simetría es un mamarracho, porque siempre hay un lado más grueso o más pequeño que el otro.  Los Amigos de lo Dual están en aprietos.  Pues ¿por qué diablos tachar a la izquierda de imbecilidad?  ¿Por qué uno de los lados es siempre proscrito, maldito, destinado al oprobio?  Si en todo esto sólo se trata de suponerle una simetría al cuerpo, ¿para qué introducir la asimetría si solo se la va a degradar, a desvalorizar?  Cyborg parte encolerizado.  La pretendida simetría del cuerpo no explica nada. Pero no por ello deja de ser temiblemente contagiosa. Contagio o desbordamiento, cuando Lord Verulamio, habiéndole asignado dos manos a la naturaleza para que ella opere, las llama lo caliente y lo frío (F. Bacon, Sylva Sylvarum, I, 68); contagio aún en Newton, que para concluir su Tratado de Óptica, entabla un paralelo entre la uniformidad de los movimientos del sistema planetario, tan maravillosa que ella es necesariamente el “efecto de una voluntad e inteligencia”, y “una uniformidad de los cuerpos de los animales, quienes poseen generalmente un lado izquierdo y derecho semejantemente formados” (Alfaguara, 1977, p. 347)>
[2] < “2.8.  Ícaro.  Cyborg sabe que su ensamblaje es necesariamente inestable y que él parece marcado con el sello de una maldición: la del imposible injerto de la técnica sobre el organismo, del órgano adquirido sobre el órgano nativo.  Por una parte, lo adquirido perpetuamente se desprende de lo nacido; por otra parte, lo nativo se degrada y se muere, aunque el final lo adquirido termine por ser inútil y obsoleto.  Es esta labilidad de Cyborg-ensamblaje a la que a veces se le da el nombre de Ícaro.  A veces se opone Ícaro a los optimistas ensalzadores de Dédalo.  Ícaro significa entonces el castigo de la falta moral, el precio que debe pagar quien cae en el exceso (hybris), en el orgullo que desafía a los dioses.  Cyborg reconoce que Ícaro es un despilfarrador, un calavera acróbata e imprudente, el loco del stunt , el Rémy Julienne de la filosofía.  Pero Ícaro significa también la gracia, el gesto magnífico que se autoriza de ir a ver hasta dónde puede elevar su stuff, antes de que este se fije o se funda.  Ciertamente Dédalo ha llegado a buen puerto; pero ¿es realmente envidiable su suerte?  La locura y la gracia de Ícaro nos enseñarán quizás a imaginar un Cyborg feliz”.  Aquí mismo, infra p. 157 >
[3] < “2.9. RoboCop o la competencia de los stuffs.  RoboCop es un acoplamiento sobre lo que queda de un stuff humano en jirones.  RoboCop es Cyborg en la carnicería, la amputación del stuff nativo; es Mambrú se va a la guerra en la época cibernética, un cuerpo-tronco que aún palpita del que se apoderan una medicina carnicera y un capitalismo depredador para transformarlo en producto y en eslogan publicitario; el “super-tombo” de “nueva generación”.  RoboCop interroga la equivalencia mecánico/viviente, la integridad del individuo y el respeto de su stuff.  La mutilación es crucifixión; los torturadores tiran primero de la mano derecha, le infligen los estigmas.  Una vez amputados los miembros nativos, los instrumentos de acero funcionan como un stuff de reemplazo, una prótesis; pero el cirujano decide también amputar el segundo brazo del cuerpo-cadáver de Murphy, que todavía funcionaba; aquí la prótesis se vuelve sustituto, con el fin de producir un policía más resistente y más performativo.  Los órganos adquiridos ¿mas que ser un complemento de los nativos, serán su posible mejoramiento (enhancement)?  Si seguimos este linaje, llegaremos a las piernas en láminas de carbono de Oscar Pistorius, tan rápidas que todos quieren las mismas; y a las hipótesis de Hans Moravec sobre la posibilidad de telecargar, de programar un espíritu en una máquina, para hacerlo inmortal”.  Aquí mismo, infra, pp. 157-158 >
[4] < “2.12. Allegra Geller o el imposible bioport.  Cyborg se detuvo mucho tiempo ante esta frontera; ¿cómo conectar lo orgánico con lo electrónico, el carbono con el silicio?  El cerebro es un medio acuoso o húmedo cuya comunicación funciona por la circulación de iones; el chip de silicio es un dominio regido por una circulación electrónica.  Entre los dos sistemas, no hay verdadera comunicación o cableado real posible.  En el mejor de los casos, se podría pues meterlos en contacto separándolos por una finísima capa, para permitirle al chip que mida la actividad eléctrica de la célula, espie lo que pasa, sus transistores captan señales.  ¿Cómo asegurar el cableado o la conexión, interfaz, pasar de una inteligencia aislada a una inteligencia distribuida, o de una mónada a un enjambre zumbador?  En eXistenZ, los juegos están directamente conectados en el stuff de la que juega.  Para hacerlo debe pues estar provista de un “bioport”, la toma o el canal donde se inserta un cordón de apariencia umbilical y llamado “ombicuerda”, que liga su organismo a una consola video-orgánica llamado “biopodo”.  Aquí mismo, infra, p. 160>.

Pierre Macherey

George Cangilhem
Cuando Canguilhem tuvo conocimiento de la primera gran obra de Foucault, Historia de la locura, sobre la que tuvo que escribir un informe en tanto que jurado de tesis, inmediatamente subrayó su carácter innovador, y su importancia, mucho más allá de los límites concedidos a un trabajo especializado que concernía la historia de la psiquiatría; algunos años más tarde, hacía aparecer en la colección Galeno que dirigía en PUF, Nacimiento de la clínica, la obra de Foucault que sin duda más le interesó porque su tema lo concernía de más cerca, y a la que a menudo se refirió en sus propios trabajos[1]. 
En fin, cuando Les Mots et les choses fue puesto en circulación, le consagró con el título «¿Muerte del hombre o agotamiento del Cogito?», un importante estudio aparecido en 1967 en Critique en el que, tomando su defensa contra sus contradictores o sus censuradores –se estaba entonces en plena querella del humanismo– él elogiaba la “lucidez” del proceder de Foucault, a propósito de la que llegaba hasta sugerir en conclusión que ella podría jugar con respecto a las ciencias humanas un rol comparable al que había jugado la Crítica de la razón pura para las ciencias de la naturaleza.
Michel Foucault
Uno de los últimos escritos de los que Foucault autorizó su publicación fue la retoma de una presentación general del camino de Canguilhem, que había sido redactado en 1978 en el momento en que lo tradujeron en los EE. UU.; ese texto, titulado en su versión definitiva “la Vida: la experiencia y la ciencia”, es sin duda uno de los más importantes y de los más pertinentes comentarios que hayan sido consagrados al pensamiento de aquel que, en la conversación, Foucault llamaba en ese momento –sin ironía, y siendo él avaro en este tipo de efusiones– “nuestro viejo maestro”ðð 
Se puede pues decir que Canguilhem y Foucault se han reconocido (en el sentido fuerte del término), e incluso en parte reconocido el uno en el otro a través de intereses y valores que compartían en común; entre ellos se tejió una relación intelectual fuerte que podemos suponer jugó un rol no despreciable en el desarrollo de sus respectivos pensamientos.
Para conocer la traducción realizada por Luis Alfonso Paláu C, de la ponencia presentada el 1º de junio de 2016 por Macherey en el marco de una jornada de estudios sobre «Michel Foucault y la subjetivación» (Universidad Paris-Est Créteil), puedes descargarla haciendo clic aquí



[1] Al final de la parte complementaria, redactada «veinte años después», con la que termina Le normal et le pathologique, Canguilhem señala que «en páginas admirables, conmovedoras, del Naissance de la clinique, Michel Foucault mostró cómo Bichat hizo «girar la mirada médica sobre sí misma, para pedirle a la muerte cuentas de la vida» (Le normal et le pathologique, Paris, PUF/Quadrige, 1988, p. 215).  Esta conversión de la mirada que él llama también «eversión», es la que el propio Canguilhem ha tratado de practicar.  Los dos libros de Foucault, Histoire de la folie (1961) y Naissance de la clinique (1963) son añadidos como referencia en el Suplemento a la bibliografía de la nueva edición, en 1966, de La connaissance de la vie, lo que subraya la importancia que Canguilhem les concedía.
ðð < M. Foucault.  "La vida: la experiencia y la ciencia".  Revista de Metafísica y Moral.  90º año/#1.  Enero-marzo/1985.  tr. Paláu, publicada in Sociología 18, Medellín: Universidad Autónoma Latinoamericana, Julio/1995 >

Pierre Macherey

De Canguilhem a Canguilhem pasando por Foucault

Independientemente de las consideraciones personales y particulares que conducen a aproximar los recorridos teóricos de G. Canguilhem y de M. Foucault, una tal comparación se justifica sobre todo por una razón de fondo: estos dos pensamientos se han desarrollado en torno a una reflexión consagrada al problema de las normas; reflexión, en el sentido fuerte de la expresión, filosófica, incluso si ella ha estado directamente asociada en estos dos autores a la utilización de materiales tomados de la historia de las ciencias biológicas y humanas, y de la historia política y social.  Por esto esta interrogación común que, en términos muy generales, podría ser formulada así: ¿por qué la existencia humana está confrontada a normas?  ¿De dónde sacan ellas su poder?  ¿Y en qué dirección orientan ellas este poder?

Para conocer la traducción completa realizada por Luis Alfonso Paláu C, puedes descargarla dando clic aquí