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La Ciudad Graffiti

De ida y vuelta. Políticas públicas de arte urbano y urbanismo en el contexto latinoamericano

Portada del libro "De ida y vuelta". Diseño e ilustración Maggie Dajui. 2026

Hay proyectos que uno celebra no solo por lo que son, sino por lo que representan. Este es uno de ellos.

"De ida y vuelta. Políticas públicas de arte urbano y urbanismo en el contexto latinoamericano" es el resultado de algo que en la academia no siempre ocurre con la naturalidad que debería: el diálogo real entre instituciones, entre ciudades, entre países. Aquí se encontraron Medellín (Colombia),  Pachuca de Soto y Tezontepec (México), para preguntarse juntos algo urgente y necesario: ¿Qué papel juega el arte urbano en la construcción de políticas culturales públicas? ¿Qué pasa cuando ponemos a conversar a Colombia y a México, a sus calles y sus decisiones?

A esa conversación se sumó también el Instituto Tecnológico Superior del Occidente del Estado de Hidalgo, desde Mixquiahuala de Juárez, aportando la mirada del urbanismo como hilo conductor. Y de ese tejido colaborativo nació este libro.

Lo que el libro propone es un recorrido por múltiples territorios y preguntas. La primera parte, dedicada a la incidencia del arte en el espacio público, abre con un estudio comparativo entre Medellín y Pachuca de Soto que examina el arte urbano como generador de espacio público —trabajo de Nino Andrey Gaviria Puerta, Isabella Cuevas García y Edgar Manuel Castillo Flores que ya desde su título anuncia la vocación transfronteriza del libro. Luego viene uno de los capítulos que más me entusiasma: el que sigue el rastro de cholos, grafiti y batallas de hip hop a lo largo del río en Tezontepec de Aldama, Hidalgo, explorando cómo estas prácticas colectivas se convierten en formas de apropiación del territorio, escrito por Luz del Carmen Hernández Hernández, Michelle Falcón Cruz Azzul y Luis Raúl Pérez Herrera. Más adelante, la experiencia de la Galería del Barrio en El Arbolito, Pachuca, muestra lo que puede ocurrir cuando la investigación social y la intervención artística se dan la mano en un barrio concreto. Y cierra esta sección Nicolás Diazgranados Berrío con una mirada al Metro de Medellín y su paso por el centro histórico, pensando el arte público desde los cuerpos que transitan, que esperan y que habitan los lugares.

Ilustración de Marco Patiño. 2026.

La segunda parte amplía el horizonte hacia el urbanismo, el patrimonio y la sustentabilidad. Aquí el libro plantea preguntas igual de pertinentes: ¿puede el arte público ser una herramienta real del desarrollo urbano sostenible? Kalahan Rojas Calva dice que si. Y cierran Jorge Luis Rodríguez Ruiz, Rogelio Neria Hernández, Luis Raúl Pérez Herrera y Christhopher Contreras López interrogándose ¿Cómo dialogamos con el patrimonio desde marcos filosóficos como el existencialismo o la axiología? Son capítulos sugestivos sobre discusiones actuales y estructurales.

En un continente donde el muralismo, el grafiti y la intervención urbana han sido históricamente formas de resistencia, memoria e identidad, tener investigaciones rigurosas que los vinculen con la política pública es un avance que hay que aplaudir y una veta necesaria a explorar. Latinoamérica necesita más de estos puentes, más de estas conversaciones que no se quedan en un solo país ni en una sola disciplina.

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Crónicas Urbanas

El tour de La Bachué
El escultor José Horacio Betancur Betancur posando en esta foto de los años cincuenta junto a su famosa escultura "La Bachué" cuando esta estaba exhibida en la plazuela Nutibara. Ver aquí
A mediados de octubre del año 1954, algunas damas de la sociedad que hacían parte de la “Liga de la decencia” manifestaron su inconformismo ante el alcalde por la presencia de una escultura que de forma “vulgar e indecente” exhibía sus senos al aire en plena Plazuela de las Américas, (Antiguo nombre de la Plazuela Nutibara). Argumentaban que por ese lugar transitaban personas decentes, niños y jóvenes que de manera obligada debían observar las vergüenzas de aquella escultura.

El escultor José Horacio Betancur Betancur.
La obra escultórica que les causaba semejante indignación llevaba por nombre La Bachue; creación del joven escultor José Horacio Betancur. Bachue, es el personaje femenino que en la mitología precolombina representaba la madre primigenia de la cultura Chibcha y, por lo tanto símbolo de la fecundidad. Según el mito, Bachue emergió de una laguna acompañada de un pequeño niño de tres años. El niño creció y al hacerse hombre se casó con ella; cuando la prolífica descendencia de esta unión pobló la tierra, Bachue regreso con su amado a la laguna, allí ambos se convirtieron en dos inmensas serpientes que se sumergieron en el agua.

Recorte de prensa de Juan F. Hernández.
Recorte de prensa de Juan F. Hernández.
La mañana del 17 de octubre de 1954, los senos de La Bachue amanecieron tapados con una banda de hule. No se supo quién o quienes hicieron aquello. La prensa y algunos ciudadanos señalaron en forma jocosa que La Bachue, había sido vestida con la Línea H del diseñador Christian Dior, quien por aquellos días lanzaba en la ciudad de Medellín aquella famosa línea. La fotografía de la escultura con los senos cubiertos con la banda de hule fue titular de los diarios en la ciudad.

El 19 de octubre a las dos de la mañana y bajo un fuerte aguacero, la escultura que solo llevaba 20 días en la plazuela, fue retirada y llevada a la estación de bomberos de la ciudad. Este hecho desencadeno una fuerte polémica entre quienes defendían la obra y quienes la consideraban un atentado a la moral. Durante varias semanas los periódicos locales y algunos nacionales se ocuparon del acontecimiento.

Al poco tiempo la escultura fue trasladada al edificio del Club de Profesionales. (Donde hoy funciona Comfenalco de La Playa). Allí José Horacio Betancur recibió una oferta de mil pesos por la escultura, el artista se negó a venderla por ese precio y consideró aquello como una ofensa. Antes de los polémicos sucesos la obra iba a tener como fin el Bosque de la Independencia, pero con el escándalo generado, los directivos del Bosque de la independencia declinaron la oferta.

Recorte de prensa de Juan F. Hernández.
A principios de 1955, La Bachue es trasladada a la casa de la señora María Antonieta Pellicer de Vallejo, esposa del cónsul de México. La Bachue y otras esculturas como El Cacique Nutibara y la Minera quedan entonces bajo la custodia de esta dama mexicana quien era además una especie de mecenas para varios artistas locales, entre ellos José Horacio Betancur. Allí en su casona del barrio Laureles, María Antonieta Pellicer de Vallejo les hizo un lugar a estas obras junto a la piscina, su casa fue conocida en la ciudad como el Jardín del Arte. Entre las esculturas bajo su custodia, María Antonieta profeso un afecto especial por La Bachue, debido a su historia.

El maestro José Horacio Betancur Betancur, muere en un accidente de cacería el 10 de noviembre de 1957 a la edad de 39 años. Su temprana muerte dejo consternados a muchos. En 1963 el Municipio de Medellín le compra a la señora Enriqueta Tamayo viuda de Betancur, las obras del maestro que estaban bajo la custodia de la señora María Antonieta.

Recorte de Prensa.
La señora María Antonieta Pellicer viuda de Vallejo, es notificada para que devuelva las obras al municipio, pero ella se niega a entregarlas. Finalmente el día 2 de julio de 1968, se hace un allanamiento al Jardín del Arte, con el fin de recuperar las obras. Los funcionarios, acompañados de agentes de la policía deben forzar una reja metálica para poder ingresar, pues la dama se niega a abrirles la puerta. Tras el ingreso forzoso de los funcionarios y los agentes, María Antonieta se abraza a La Bachue; dice que se pueden llevar las otras esculturas menos esa, indica además que a ella la pueden sacar en pedazos, pero a La Bachue no. Los funcionarios deben convencerla y esta tarea tomo unas seis horas. Finalmente la dama accede pero deja manifestar su descontento, su secretaria debe suministrarle calmantes, pues su estado emocional se ve afectado debido al suceso.   

En la década de los setenta La Bachue es instalada en la fuente de agua ubicada al frente del teatro Pablo Tobón Uribe. No obstante, para ocultar un poco su desnudez, los chorros de agua la cubrían parcialmente dejando ver solo su rostro. A principios de la década de los ochenta Miguel Ángel Betancur, hijo del maestro José Horacio y quien heredó de su padre el arte de la escultura, decide levantar unos centímetros el pedestal de la obra, para que La Bachue pueda observarse completamente.

Ya nadie, o quizás pocos se escandalizan de su desnudez. El agua de la fuente la baña casi constantemente, rodeándola del elemento vital del cual surgió la diosa chibcha y en el cual se sumergió finalmente. El olor de la marihuana perfuma el entorno. Con una mano abraza el pequeño niño, mientras sostiene dos serpientes y un águila en sus hombros, su rostro imperturbable dibuja un gesto de solemnidad y, una leve sonrisa de comprensión hacia la naturaleza de los mortales, a quienes observa desvanecerse lentamente en el tiempo.

La Bachué y tres mamás tristes
Juan Fernando Hernández