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Cultura Punk en Medellín

México Capital Punk, la historia NO definitiva del punk mexicano 


Director: Lalo Cráneo
Sinópsis: Documental que ofrece un panorama general de la historia del punk en México. Explora los orígenes y evolución del movimiento punk a través de las voces y experiencias de sus protagonistas. El documental aborda temáticas como la aparición de las primeras bandas, la evolución del estilo y la vestimenta, la relación de la escena punk con movimientos sociales y políticos, y la represión policial que ha enfrentado.
Año: 2016


La frontera se cruza dos veces

México Capital Punk nació como tesis de grado —se filmó entre 2015 y 2016, se estrenó en 2017— y terminó siendo otra cosa: un documental dirigido por Eduardo Gómez, "Lalo Cráneo", que no habla desde la academia ni desde la pura militancia de escena, sino desde un lugar intermedial, interticial. No es la mirada externa de un periodista ni el testimonio puro de quien solo vivió la escena: es la mirada de un punk que además hizo el camino académico, y que usa esas herramientas para analizar sistemáticamente un mundo al que pertenece de origen. Si en la sesión anterior la clave era que el relato viniera de adentro, aquí el relato viene de adentro y además sabe nombrarse a sí mismo. Es una frontera que este documental cruza antes de que empiece siquiera a hablar de fronteras.

Y habla, sobre todo, de una frontera literal. Hasta ahora, en Brasil, Perú y Chile, el patrón se repetía: quienes tenían acceso temprano al punk eran las clases media y alta, las que podían viajar. México rompe ese guion porque comparte límite con Estados Unidos, y fueron jóvenes de sectores populares —los que cruzaban como mojados, trabajaban del otro lado y volvían cada diciembre— quienes trajeron la música de primera mano, no las élites. Conocían la movida subterránea gringa desde adentro, por ser también clase trabajadora allá, y la repartieron entre los suyos al volver. La ironía es que las primeras bandas mexicanas de los 70 siguieron siendo de clase media y alta, porque seguían siendo los únicos con acceso a instrumentos y formación técnica: la frontera cambió quién traía la música, pero no de inmediato quién podía tocarla.

El resto de la cronología confirma esa cercanía geográfica como motor: la escena subterránea se consolida a comienzos de los 80, y Tijuana —con bandas como Solución Mortal— tiene acceso directo a la cultura punk de California y se vuelve, además, puerta de entrada para los fanzines. La frontera vuelve a aparecer, esta vez adentro del propio país. Después viene el terremoto de 1985, que en lugar de dispersar la escena la consolida: se arman redes, colectivos y pandillas grandes a partir de la misma precariedad que el desastre dejó al descubierto. Es el mismo patrón que ya vimos en Brasil y aquí en Medellín: donde a falta infraestructura, la escena construye la suya.

También construyó su propia estética a partir de lo que sobraba: ropa de basurero y de segunda mano, personalizada con pintura de tela y accesorios propios, en un ejercicio de bricolaje que reinventó el punk del primer mundo con material residual del propio barrio (Algunos adoptaron también prácticas autolesivas asociadas al punk británico, parte de un paquete estético que llegó junto con la música). La represión policial y la estigmatización del rock —agravada, en el caso del punk, por las políticas de control de pandillas y la consideración como la basura de la sociedad— empujaron a estas primeras generaciones hacia la organización y la politización, el mismo camino de los punks en otras latitudes. El Museo del Chopo, junto al tianguis que todavía funciona en Ciudad de México, les dio un espacio institucional sin quitarles su carácter alternativo, y ayudó a consolidar procesos organizativos que ya venían de las auto publicaciones, periódicos y fanzines.

Ahí está, quizás, lo más interesante de esta sesión: los fanzines circulaban información y tejieron una red continental. La revista Amor y Rabia articuló escenas punk de toda América Latina; la campaña de boicot a los 500 años del mal llamado "descubrimiento" fortaleció esos lazos; colectivos como Cambio Radical Fuerza Positiva conectaron las escenas locales dentro de México. Y en esa misma conversación sobre fanzines, el documental se detiene en la cultura del Hazlo Tú Mismx y su peso histórico en la escena. Lo que describe esta película es la historia de una escena que ya estaba tejiendo, con sus propias manos y sin esperar a nadie, la misma cartografía continental que este ciclo intenta trazar hoy desde una pantalla.

México cruzó la frontera dos veces: primero para traer el punk hasta acá, después para poder contarlo con las herramientas de las comunicaciones y las humanidades sin dejar de hablar desde adentro. Las dos veces, cruzar fue un gesto artístico, estético y político.