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Cultura Punk en Medellín

La bibliopunk de Medellín

Durante mucho tiempo se dijo que el punk solo dejaba canciones, conciertos y ruido. Sin embargo, basta recorrer los estantes de las bibliotecas personales, los catálogos de editoriales independientes y las mesas de los festivales para descubrir otra historia: el punk de Medellín también ha escrito sus propios libros.

En  los último 26 años del siglo XXI ha surgido una producción editorial que documenta, interpreta y narra la historia de una de las escenas culturales más importantes de la ciudad. Narrativas biográficas, memorias, investigaciones, poesía, ensayos, manifiestos, novelas, fotolibros y fanzines conforman hoy un archivo colectivo construido, en buena medida, por quienes hacen parte de esta historia.

Quizás ese sea uno de los mayores logros de estos cuarenta años: que la memoria del punk ya no dependa únicamente del relato oral. Ahora también habita en libros escritos por músicos, poetas, investigadores, fotógrafos y artistas que decidieron convertir sus experiencias en documentos para las generaciones futuras.

Entre estas publicaciones sobresalen los libros de David Viola, vocalista de I.R.A., quien ha llevado la historia del punk medellinense a la escritura con títulos como La Antileyenda, Punk Medallo, Aguante I.R.A. 30 años PUNK D.I.Y. Hazlo Tú Mismo, convirtiéndose en uno de los principales cronistas del movimiento.

También resulta fundamental el trabajo de Carlos "Caliche" David Bravo, baterista de Desadaptadoz, cuyo libro Mala Hierba: el surgimiento del punk en el barrio Castilla, Medellín reconstruye desde la memoria de sus protagonistas los orígenes del movimiento en uno de sus territorios más emblemáticos. Además su trabajo A paso punk, el cual documenta la estrategia pedagógica y territorial del flaneur y el caminar por los barrios de la comuna 5 Castilla.

En esta misma tradición se inscriben investigaciones como Kaos en el sótano, Pogo y El cancionero Rebelde lideradas por Ricardo Gómez "Don Vito", las cuales buscan comprender el punk desde la historia social, la economía popular y la cultura Hazlo Tú Mismx, así como por medio de proyectos de investigación creación que traducen estos conocimientos a mapeos, plataformas digitales, pódcast, documentales, publicaciones y archivos abiertos.

La poesía y el ensayo ocupan igualmente un lugar esencial. La obra de Giovanni Oquendo demuestra que el punk también encontró en la literatura otra forma de gritar, cuestionar y habitar la ciudad, convirtiéndose en una de las voces más singulares de la cultura subterránea de Medellín. A este universo se suman publicaciones como Medellín City Punk, de Jacobo Cardona, que explora la ciudad desde una poética atravesada por las estéticas punkeras.

Un capítulo especial lo merecen todos los fanzines, pero vamos a nombrar a Eberhar Cano, quien ha demostrado con El Sótano fanzine, que este medio sigue siendo un formato vigente para investigar, documentar y narrar la historia del punk en Medellín. Recientemente ha publicado un libro dedicado al bar New Order, consolidando una línea editorial que combina investigación, diseño, archivo y autopublicación. 

Esta entrada con estos dieciocho materiales quiere ser una invitación. Más que una lista cerrada, propone comenzar a construir un inventario colectivo de los libros y publicaciones que han documentado el punk y las culturas subterráneas de Medellín. Seguramente faltan títulos, autores, editoriales, todas las tesis universitarias, y publicaciones independientes que merecen hacer parte de este mapa. 

El punk de Medellín transformó la manera de hacer música y creó una forma propia de investigar, narrar, editar, ser y conservar su legado. Este mapeo continuará creciendo y puede que algunos de los datos usados sean errados. Si conoces alguna publicación que deba hacer parte de esta biblioteca del punk medellinense, la invitación es a compartirla. Al fin y al cabo, las memorias se construyen entre muchas manos, muchas voces y muchas páginas.

2007 · I.R.A. La Antileyenda

Primer libro autobiográfico publicado por una banda de rock en Colombia. A través de relatos en primera persona, David Viola reconstruye los primeros veinte años de I.R.A., desmontando mitos y compartiendo las dificultades, aprendizajes y convicciones que han sostenido una de las bandas más representativas del punk latinoamericano.

2008 · Punk Medallo

Considerado el primer libro dedicado exclusivamente al punk en Colombia, reúne testimonios, anécdotas y reflexiones sobre el surgimiento y consolidación de la escena punk en Medellín. Es un relato sobre la resistencia cultural, la autogestión y la construcción de una identidad colectiva.


2011 · Medallo Punkero. Miradas sobre el movimiento punk en Medellín

Uno de los primeros libros hecho por colectivos de personas de Francia acompañados por personas de Medellín, interesados en documentar la escena punk de la ciudad desde las voces de sus propios protagonistas. El proyecto fue desarrollado por la Asociación CAP Nómade y el Kolektivo Voz Libre con el apoyo de Rocío Rojas, articulando entrevistas, testimonios, fotografías y reflexiones que permiten comprender el punk como un movimiento cultural, social y político construido desde los barrios de Medellín. La publicación tiene un CD.

2014 · Aguante I.R.A. 30 años de punk

Publicado con motivo de las tres décadas de I.R.A., este libro amplía la historia de la banda con nuevas crónicas, fotografías y reflexiones sobre la persistencia, la independencia y el significado de mantener un proyecto musical durante treinta años. Es también un testimonio sobre la consolidación del Hazlo Tú Mismx como una forma de vida.


2015 · El 9. Albeiro Lopera

Este libro reconstruye la vida y la obra de Albeiro Lopera, "El 9", uno de los fotógrafos más importantes y singulares de Medellín. Punkero de vieja guardia, actor, reportero gráfico y testigo de la violencia que marcó a la ciudad y al país, El 9 encontró en la fotografía una forma de transformar la rabia, la marginalidad y la experiencia de la guerra en memoria visual. La publicación combina un perfil biográfico escrito por Alfonso Buitrago con una cuidada selección de imágenes realizadas por el propio fotógrafo.


2016 · Manifiesto Punk Tercermundista y otras blasfemias

Publicado once años después de la muerte de Giovanni Oquendo, esta obra reúne por primera vez sus poemas, ensayos, manifiestos, ilustraciones y escritos dispersos, rescatados gracias al trabajo de su hermano Regner Oquendo, de Carlos "Caliche" Bravo y del equipo editorial de La Valija de Fuego. El libro recupera la voz de quien fuera bajista de Pichurrias y Desadaptadoz, además de uno de los pensadores más singulares de la escena punk de Medellín.


Este libro, que cuenta con segunda edición, constituye un documento esencial para comprender el punk como una práctica cultural, política y estética nacida desde los márgenes urbanos. Sus textos reflexionan sobre Castilla, Medellín, la violencia, la poesía y la autogestión, convirtiéndose en una de las publicaciones más importantes para entender el pensamiento y la filosofía punk colombiano contemporáneo.


2016 · Mala hierba: El surgimiento del punk en el barrio Castilla (1985-1995)

Primera edición de una investigación construida desde la experiencia de uno de sus protagonistas. El libro reconstruye el nacimiento del punk en Castilla a partir de entrevistas, archivos, fotografías y memorias de quienes hicieron posible la escena durante la década de 1980 y comienzos de los noventa.

2017 · Restos de Tragedia. Hardcore consciente en una ciudad violenta (Medellín / Colombia)

Publicado con motivo de los treinta años de la banda Restos de Tragedia - RDT, este proyecto reúne un libro de memoria y un disco tributo interpretado por diversas bandas de la escena punk de Medellín. La publicación recupera fotografías, documentos y relatos que reconstruyen la trayectoria de una de las agrupaciones más representativas del punk local, al tiempo que reivindica su legado musical y cultural. El álbum doble Restos de Tragedia: 30 años. No violencia, resolvamos nuestras diferencias tiene este libro y adentro hay un mapa de la movida del rock y el punk en la Zona Nororiental muy valiosa e ilustrativa.

2018 · Medellín City Punk

Publicado dentro de la colección Becas a la Creación de la Secretaría de Cultura Ciudadana y editado por Tragaluz, este libro de poesía de Jacobo Cardona convierte al punk en una forma de mirar y escribir la ciudad. Sus poemas retratan la periferia, la violencia, la amistad y la música como experiencias que han marcado varias generaciones de jóvenes en Medellín, haciendo del punk una sensibilidad estética y una manera de habitar el territorio.

2018 · Tribulaciones de un PUNK

Novela que traslada el universo del punkero Pólvora y la cancha "el Polvorin" entre Castilla y el Doce de Octubre al terreno de la ficción, explorando las tensiones entre la cultura barrial, el arte y la vida cotidiana en Medellín. A través de un narrador, familiar de un punkero, se cuentan las experiencias de la amistad, el amor y la tradición. La obra recorre escenarios donde el parlache convive con un lenguaje literario cuidado, cuestionando las formas de habitar la ciudad y el sentido mismo de la existencia.

2019 · Mala hierba: El surgimiento del punk en el barrio Castilla, Medellín (edición ampliada)

Esta nueva edición amplía el trabajo original, el periodo documentado y las referencias al territorio, lo que fortalece el aparato documental e incorpora una cuidada edición editorial con el equipo de La valija de fuego. Considerada una obra fundamental para comprender la historia social del punk en Medellín, constituye uno de los ejercicios de memoria más completos realizados desde la propia escena.

2020 · Manrique Subterráneo: 40 años de rock en la Nororiental

Aunque aun no está impreso, sino en versión digital, este trabajo Rafael González Toro, es el resultado de un ejercicio de memoria y comunicación, reconstruyendo cuatro décadas de rock, metal y punk en la zona nororiental de Medellín. A partir de entrevistas, archivos, fotografías y cartografías, la investigación recupera la historia de bandas, fanzines, conciertos, personajes y lugares que hicieron de Manrique uno de los territorios fundamentales de la cultura subterránea de la ciudad. Su aporte incluye, además, una cartografía del territorio que convierte al libro en un valioso documento para comprender la relación entre música, identidades y territorios.

2021 · POGO. Vidas, identidades y ruido punk en Medellín y el Valle de Aburrá

Publicación realizada por Víctor Hugo Jiménez Durango y Ricardo Gómez Echeverri "Don vito", resultado de un proceso de investigación sobre las marcas de la ciudad, apoyada por los estímulos de Arte y Cultura de la Alcaldía de Medellín. A partir de una mirada histórica, etnográfica y visual, el libro produce mapeos, construye relatos desde entrevistas para darle fuerza a la oralidad como testimonio en las cuatro décadas que lleva incidiendo esta escena en la ciudad.


2022 · PUNK D.I.Y. Hazlo Tú Mismo

La publicación más reciente de Viola profundiza en la filosofía Do It Yourself (DIY) como eje de la trayectoria de I.R.A. y de la cultura punk. A partir de casi cuatro décadas de experiencias, el libro reivindica la autogestión como una manera de hacer música, y una ética de creación, independencia y transformación cultural.

2023 · A paso PUNK. Recuperando la memoria subterránea del barrio Castilla. Recorridos guiados

Publicación que nace como una extensión del proyecto Caminatas Punk. A través de recorridos, mapas, fotografías y relatos, propone caminar la Castilla punk, donde las calles, esquinas, terrazas y antiguos lugares de concierto se convierten en escenarios para reconstruir la memorias de las juventudes y el rock desde el territorio y la experiencia colectiva. Este proceso también cuenta con un podcast realizado en el 2025, que puedes consultar dando clic aquí


2024 · Cancionero Rebelde. Cuaderno de bitácora de un mal cantante

A medio camino entre la autobiografía, la crónica de viaje, el cancionero y la memoria cultural, Cancionero Rebelde reúne más de tres décadas de experiencias de Ricardo Gómez —conocido como Don Vito— en la escena musical subterránea de Medellín. El libro recorre su paso por agrupaciones como Humano X, Bellavista Social Club, Don Vito y Los Corleone y Niquitown, integrando crónicas, poemas, letras de canciones y reflexiones construidas desde la experiencia de un músico que entiende la memoria como un ejercicio colectivo. En el libro reconstruye las dinámicas de la música independiente en Medellín: los conciertos, las giras, los afectos, las redes de autogestión y los aprendizajes compartidos. 

2025 · Medellín City Punk (segunda edición, Colección Palabras Rodantes No. 166)

Esta segunda edición del trabajo de Jacobo Cardona pone nuevamente en circulación uno de los poemarios más representativos de la literatura punk de la ciudad, acercándolo a miles de lectores a través de una edición de bolsillo de distribución gratuita. La nueva edición incorpora una coda editorial y fotografías del archivo personal de Carlos "Caliche" David Bravo, ampliando el diálogo entre poesía, memoria y archivo. La inclusión en la colección Palabras Rodantes representa, además, un importante reconocimiento a la literatura surgida de las culturas subterráneas y a su lugar dentro del patrimonio cultural contemporáneo de Medellín.


2025 · Viejo Desorden. Cuando el punk irrumpió en el bar New Order

Este libro recupera la memoria del bar New Order, uno de los espacios más emblemáticos de la cultura subterránea de Medellín en los años 90 del siglo XX. A partir de archivos fotográficos, testimonios y documentos de la época, reconstruye la historia de un lugar donde confluyeron el punk, el post-punk, el hardcore, el metal y otras escenas musicales en el centro occidente de Medellín. La publicación reafirma el trabajo de Eberhar Cano Naranjo y el Sótano Fanzine como uno de los proyectos editoriales más importantes dedicados a la investigación, auto publicación y preservación de la memorias subterráneas del punk en la ciudad.

2025 · Melancolía punk. El 9, el fotógrafo rebelde de Medellín

El 9, un exfotógrafo de guerra, enfrenta sus últimos días en septiembre de 2014. En el apartamento de su madre observa con picardía una cámara digital, mientras evoca su pasado rebelde. Su cuerpo deteriorado por la cirrosis, la pérdida de visión y memoria, y su mente agotada, encarnan los estragos del conflicto armado. La trenza rasta y su joroba distintiva son testigos de su vida punk y su batalla constante. Albeiro Lopera, el 9, se enfrenta a una enfermedad terminal, a sus recuerdos y a las consecuencias de su pasión por la fotografía, en una lucha que abarca cuerpo, mente y corazón.

La Narrativa Colombiana

 

Darío Ruiz.. Periodista, Escritor y Literato.
 Anori, Antioquia, 1936. Narrador, poeta y ensayista, es uno de los nombres más destacados de la literatura colombiana y, sin lugar a dudas, el que mejor ha reseñado la evolución de Medellín, ciudad donde reside y donde ha sido profesor de Teoría de la Ciudad y la Arquitectura, en la Universidad de Antioquia, institución que lo ha distinguido nombrándolo Profesor Emérito y Honorario. Graduado en la Escuela de Periodismo de Madrid en 1961, está íntimamente unido a España donde transcurrió su juventud y donde participó en la vida cultural en los sesenta. Fue redactor en Bilbao del periódico El Hierro donde fue expulsado por motivos políticos. Ha publicado los libros de cuentos Para que no se olvide su nombre, La ternura que tengo para vos, Para decirle adiós a mamá, Sombra de rosa y vino (1999), En tierra de paganos, Crímenes municipales (2009-2011) y Entre muros. Antología personal (2011) y las novelas Hojas en el patio y En voz baja, así como los libros de poemas Señales en el techo de la casa, Geografía, A la sombra del ángel y En ese lejano país en donde ahora viven mis padres (2010) al lado de otros diez libros de ensayo en torno a temas de estética y urbanismo. Columnista y crítico polémico, en la actualidad Darío Ruiz está considerado como uno de los intelectuales colombianos de mayor prestigio intelectual.

LLAMADA DE CORTA DISTANCIA (1999)
  
De Sombra de rosa y vino
Editorial Magisterio, 1999
A dos metros de distancia la vi más inerme, más desposeída de todo, tal como, pensamos, podría verse a una anciana en una situación parecida. Calculé que tendría unos setenta y cinco años, una anciana de ojos verdes y pelo blanco, abundante, que sostenía en sus manos una pequeña cartera. ¿Tendría que decir que, carente de gestos? Pues estaba inmóvil como si estuviera en medio de una tarde fría en una carretera de montaña y llevara ahí cinco o seis horas esperando un bus, o esperando, en todo caso, algo que durante años había querido, anhelantemente, recibir o volver a encontrar.

En la ciudad estas circunstancias suelen presentarse con más frecuencia de la que se piensa, se detienen ante un paradero de buses que no es el correcto y ahí las pilla finalmente la noche. Después desaparecen para siempre mientras en la casa la familia empieza a comprender lo que es vivir a un ser amado no en la muerte sino en el vacío de la ausencia. Seres como éste irradian un halo que circunda su figura concediéndoles un aspecto de inusitada beatitud.

Recordé inmediatamente a mi mamá: al igual que esta anciana, siempre tuvo la misma antigüedad o sea ese estado de beatitud que no puede contarse por los años de un calendario sino por obras de caridad, por misteriosas recetas de cocina, por fármacos milagrosos que curan todos los dolores, por la capacidad de leer por adelantado lo que un rostro va a anunciar.

Por supuesto que ya de cerca, su aspecto no es igual. No es que pierda el aire de bondad sino que aparece un sorprendente vigor en su cuerpo –flaco pero no enjuto–, en las manos de dedos acostumbrados a cortar la carne, los vegetales, a remendar la ropa diestramente, tejer paño e incluso levantar un pesado fardo. Dedos a través de los cuales el niño llega a tener una visión de las cosas de la casa, a reconocer y diferenciar las texturas de sábanas y cortinas, el ambiente del comedor, aquello que se esconde en los armarios o sea las imágenes que llegarán a definir su vida.

Pero también la capacidad, para los días del futuro, de acostumbrarse a la idea de la muerte sacando de ésta, lo terrible, lo doloroso, para, sin resignación, llegar a entender que el mundo en que se vive, entre dificultades, incomprensiones, tanto en lo uno como en lo otro es igual y también quien ríe, lleva en el centro de su corazón, la lágrima de la muerte. Un ángel donde el mutismo es la guía, simplemente un ángel de barrio que a pesar de ser testigo de todo el horror que la rodea, no desfallece nunca en su amor al prójimo.

Ahora he aprendido de memoria cada gesto suyo. ¿Hasta cuando llegué yo a vivirme en mamá? Como si de repente fueran las cinco de la mañana y el olor del chocolate hirviendo, de las arepas dorándose en la parrilla llegara hasta mí en esas largas y silenciosas conversaciones con mi madre. Aquella tarde, mi primer tarde en Nueva York paseando por una avenida en Queens me abría, sobresaltado, a la extrañeza de lo que me rodeaba. Primera salida de reconocimiento del terreno, para no cometer errores fatales, para irme familiarizando con el idioma, con las costumbres. Como en una serie de T.V. veía el caleidoscopio de anuncios de los bares, de los oscuros callejones, los negros pobres, los borrachos pero también mujeres, niños colombianos fácilmente reconocibles por su acento.

Una manera de hablar, un acento que se resistía a ser avasallado por el idioma inglés, que, trataba de preservarse en medio de aquella absurda parafernalia urbana. Y este descubrimiento me hizo comprender la soledad que desde niños está presente en nuestra raza, en esta raza agobiada por encrucijadas que nunca sabrá resolver adecuadamente. Era lo que sentía al escuchar una conversación en el metro entre muchachas empleadas en tareas humildes, al observar a la distancia a las parejas de enamorados en bailes de fin de semana en vetustos hoteles, en sótanos convertidos en salones de baile. El verlos sin poder acercarme a ellos me llevaba inevitablemente a la congoja porque sentía su desamparo, su desarraigo, la falta de patria, aquí y allá.

De pronto el lenguaje oprimido te arropaba por completo, te hacía más nítidas las imágenes de los recuerdos donde trataba de vivir de nuevo la esquina de barrio, los patios del colegio, la historia de las barras de muchachos y muchachas a quienes la vida había ido situando en lugares diferentes, sobre todo en los últimos tiempos de la ciudad donde la vida había entrado en una intensidad desconocida y frenética. Pero esta necesidad de las palabras familiares podía conducir, fácilmente, a una terrible trampa en que muchos ingenuos habían caído pues agentes de la D.E.A habían logrado de manera inaudita, apropiarse de nuestro acento, incluso de recuerdos familiares, de acontecimientos comunes de la ciudad, del recuerdo de los amigos muertos, hasta lograr la total confianza y de este modo adentrarse sin tropiezos en lo que estaban indagando, en las conexiones que estaban persiguiendo. Al ser detenido en un bar, en un apartamento, incluso en una iglesia el engañado en medio de su estupor sentía dolorosamente la traición de aquel que durante meses, incluso años había sido su confidente, su amigo de francachelas y celebraciones familiares. A partir de esto hasta los familiares más cercanos quedaban en entredicho.

¿Cuántos bisoños en medio de una borrachera habían confesado lo que era y debía ser un secreto de muerte? Hacerse eficiente consistía pues en agudizar los sentidos o sea en tener la capacidad de suspicacia necesaria para eludir esas trampas mortales tendidas mediante aquellos refinados métodos policíacos. Consistía por lo tanto, a partir de ahí, en conocer los contactos, alejándose rápidamente de ellos para no crear intimidad y sobre todo el más mínimo afecto. Sería fatal, completamente fatal, pensar en una de esas blandengues películas sobre la bondad de las ancianas pues hay, como se llega a comprobar rápidamente, ancianas repulsivas capaces de ordenar los peores crímenes, las peores represalias. Yo las he conocido en este negocio, ancianas implacables que hacen con su fiereza y meticulosidad olvidar su misma fragilidad física.

Máquinas desalmadas que quieren abandonar la vida poniendo de presente su odio al mundo. Al comienzo, como en las películas uno pierde el sueño, los programas de T.V. se hacen insoportablemente tediosos, al bajar en el ascensor te sientes partícipe de alguna película sobre los bajos fondos de Nueva York. ¿El portero será realmente el Director de la D.E.A? El señor de la venta de comestibles ¿es realmente un señor bogotano que está en esta ciudad desde hace diez años, porque ya en su ciudad es imposible conseguir trabajo? ¿Sobre este pequeño restaurante colombiano caerán de improviso las balas de los matones sicilianos?

¿Cómo vivir para siempre en este estado de desconfianza? Porque hay de todos modos que hacer una fiesta y bailar y emborracharse, y hay que inaugurar una finca y hay que volver al fútbol porque vivir sin confiar en alguien te lleva irremediablemente a lo peor, casos he visto de matar al mejor amigo, de matar a una tierna muchacha, de hacer desaparecer a un simple vendedor de perros calientes. Todo por la desconfianza.

Ella estaba de espaldas en una tienda escogiendo unos tomates y al verla mi corazón se sobresaltó hasta lo indecible. Era alguien que se salía de la indiferencia de los rostros extranjeros, de la suspicacia de cada momento. La misma figura, los mismos ademanes. Sabiendo yo sin embargo que era imposible, que fuera ella. Me acerqué sobresaltado. ¿Quién la había trasladado hasta Nueva York y cómo se había adaptado tan rápidamente al idioma, a las costumbres? ¿Quién la había traído? ¿Cómo aceptaba el hiriente viento de la primavera? Era ella al mirarla, al observar sus manos, su manera de moverse, era ella misma la anciana que a esa hora estaba en Medellín preparando la comida ¿Por qué de pronto esta asociación perturbadora? La anciana me miró con la indiferencia con que una señora norteamericana puede observar a un colombiano de mi facha.

Ya a solas en el cuarto me hice el reproche por haber olvidado a mi papá, por haber olvidado aquella figura de profesor de Liceo que murió de pobre. Fue en Miami donde vi morir a una abuela abrazada a su nieto, tratando de salvarlo de la ráfaga de metralleta. Ley inexorable, catecismo que desde el primer día de trabajo había que aprenderse de memoria, no olvidar, para no caer en la muerte. Por eso golpeaban siempre a los familiares más cercanos, más inocentes. ¿Me hubiera tenido piedad esa viejita en una liquidación de cuentas?

Dos horas y la señora no se han movido de su asiento. Ni siquiera ha insinuado ir al baño. Ningún sorbo le ha dado al vaso de gaseosa. Sabían que en aquella casona estaban ella y una sirvienta que no apareció por parte alguna. Su intuición de madre le había dicho ya que algún día estaría enfrentando lo que ahora enfrentaba, ¿quién más que ella conocía la conducta de su hijo y sobre todo el pozo ciego de sus torpezas, de sus ambiciones negadas por la vida? ¿Quién más que ella conocía lo que significaban los códigos de la Organización que había condenado a su hijo?

En la situación en que estamos metidos en esta ciudad y sobre todo en la situación en que se vive en este oficio no sólo es el miedo a morir lo que nos determina a cada segundo, a cada movimiento que hacemos sino la dolorida perplejidad de estar contemplando algo que abruptamente y no por casualidad dejamos atrás y que ya nunca volveremos a ver. De ahí entonces el desprecio a nuestra propia vida que no es desprecio sino realmente aceptación de lo precaria que se ha hecho la vida sin ilusión alguna. Que el porvenir entonces quede para quienes más amamos y que, sin embargo, a la vuelta de los años ni siquiera se acordarán de nosotros.

El sentirnos sacados a la fuerza de nuestro barrio, nos lleva a perder el sueño o a que éste se reduzca a un sobresaltado cerrar de párpados, para imaginar que, al abrir los ojos algo bueno ha pasado pues seguimos con vida. ¿A qué puede aspirar ella sin su hijo? Ella debió imaginar que iría a seguir viva en los días futuros de su hijo, pues en esa dirección había encaminado sus esfuerzos. Con su mirada orgullosa, señala que el espacio de tiempo que puede restar para que la muerte los reúna a ambos, es lo único que le preocupa.

Ya esta actitud, me arroja luces sobre aquello que no debo hacer. La anciana ya conoce al final de esta situación. ¿Aquella señora del supermercado de Queens, mi mamá neoyorquina, dónde abrirá ahora una puerta? Cuando una madre mira ya conoce hacia donde se dirigen los pasos de su hijo. Cuando una madre mira ya sabe de antemano la soledad y tristeza que la ha transmitido a sus hijos como herencia de sus propios padres.

Por eso salió a la calle sin decir una palabra, sin insinuar un gesto de pánico. Por eso continúa impertérrita mientras ya me he fumado cinco cigarrillos y empieza a conmoverme su paciencia, ese halo de invencible bondad ante el cual pienso que yo tampoco debo sucumbir. No debo olvidar su lección.

Sin decir palabra entra en el automóvil cuando uno de los muchachos se lo insinúa. El automóvil, dos jeeps se pierden en la distancia de la calle y no la vuelvo a ver.
—¿Llegaste bien papito, no tuviste ningún contratiempo?

—Sí señor, llegue muy bien. No tuve problema alguno ni al salir ni al llegar ni tampoco en la estadía allá. Ya no tengo temor en las aduanas ni me cabrean los guardias ni los detectives. Ya le cogí el pulso al trabajo. Sí señor.

—Y Nueva York; ¿cómo estaba?

—Pleno invierno señor, lluvia, mucho frío. Y eso como usted lo sabe aburre hasta el cansancio, lo agarra a uno la nostalgia del clima de Medellín y no ve uno la hora de venirse. Pero el trabajo hay que hacerlo, señor.

—Claro, hombrecito, la falta del chicharrón y los fríjoles. ¿Quién puede contra eso? Al principio eso mismo me llegó a pasar; pero se acostumbra uno, ¿no crees? Y tampoco es que Nueva York sea tan feo y allá además tenemos una colonia nuestra muy grande, esas fiestas que hacen son muy buenas.

—Sí, todo eso es cierto. Pero se cansa uno de ser extranjero y sueña en la casa, en la barra de amigos. Se cansa uno de no saber hablar inglés.

—Sí, ser extranjero, que lo miren a uno mal por eso. Y la falta de los amigos, sí todo eso lo comprendo muchachón pero decime; ¿qué fue realmente lo que te sucedió? ¿por qué hiciste lo que hiciste, de quién te dejaste echar el cuento tan bobamente?
—Pero en todo, señor, fui muy cuidadoso. Ya le dije que en las aduanas no me pusieron ningún problema. Y usted sabe cómo es esa gente gringa. Además le cuento que nada de fiestecitas, nada de trago. Mucho me cuidé de no darle tiro a nadie, de no ser sospechoso de nada tal como usted lo exige en éstos casos.

—No me refería a eso, papito.

—No, tampoco me reuní con los cubanos. Yo a esos les tengo mucho miedo. Son muy ventajosos porque conocen más el ambiente. Uno no debe dejarse embaucar por ellos.

—Vea papá, no se me haga el bobo. Ya sabe de lo que estoy hablando ¡carajo! Ya sabe, conteste, carajo!

—Inexperiencia, pendeja bisoñada se lo digo. Creí, en mi ingenuidad, que nadie iba a notar esos pocos dólares que sustraje. Creí, que mientras tanto, podría sacarles provecho invirtiéndolos en un negocio. Pero se lo juro señor que jamás pasó por mi mente tumbarlo a usted, quedarle mal y mucho menos robarle a quién ha sido un benefactor para mí. Aquí le tengo la plata, falta un poco que es la que esa gente me está debiendo. Pero le voy a devolver el doble para que vea mi agradecimiento. Usted lo sabe señor.

—Eso a mí me interesa un culo, papito. Aquí lo que cuenta es que le faltaste a la palabra que habías dado cuanto te metiste en este negocio. Y te lo repitieron mil veces, toda falta se castiga con rigor ¿Dónde pensabas esconderte que no te hubiéramos descubierto? ¿Dónde?

—Por eso recurro a su comprensión, a su bondad, señor. Yo sé de todas las obras de caridad que usted hace en la ciudad y por lo tanto creo que tengo el derecho a otra oportunidad. Se lo juro que no volverá a suceder. Si quiere déjeme como uno de sus guardaespaldas, cuidando de sus hijos. Yo para estos viajes no sirvo.

—¿Qué tal que todo pendejo que hace lo que vos has hecho tuviera el derecho a otra oportunidad? ¿Por dónde andaría esta empresa? Papito esta no es una agencia de empleos temporales ni una oficina de caridad pública. Somos lo que somos por una estricta organización. Sin esto estaríamos pidiendo limosna.

—Pero como buen católico usted es un hombre piadoso, yo lo sé. Un hombre comprensivo y bondadoso. Y me va a entender me va a entender.

—Yo aquí no soy yo. En esto no hay personas sino la Organización que funciona como una empresa comercial ¿Qué vas a hacer entonces hombrecito? ¿Qué querés que hagamos con tu mamá?

—¿Cómo así señor que a mi mamá ?. No me digan que ustedes la tienen, no me lo digan ¿cómo puede ser esto? ¡Con razón en esta casa no había nadie cuando llegué!

—La ley es así papito y vos lo sabías de antemano. ¿Pero entonces, qué? ¿Qué vamos a hacer con esta viejita, ah? ¿Vas a venir a respondernos o vamos viendo a ver qué hacemos con ella?

—¡Cómo así que a mi mamá la tienen ustedes! Cualquier cosa me imaginé menos esto. Con razón aquí no hay nadie. ¿Qué van a hacer con ella señor?, es una pobre e indefensa viejita.

—Te lo repito y por última vez, esta es la ley porque sin ella todo se viene abajo. Aquí no hay abogados ni monjas de la caridad para interceder por vos. ¿Vas a venir o querés que procedamos ya con este costal de arrugas?

—Se me está acabando la paciencia. Si te asomás a la ventana verás a la gente esperando que salgás como todo un hombre. Esperando que les demostrés que sos un buen hijo.

—Claro que si consideras que ella ya esta muy viejita y que no va a durar mucho y en cambio vos lo tenés todo por delante, pues pensálo y colgá. De todos modos la ley es la ley y entonces nosotros consideraremos que nos has declarado la guerra. Una guerra papito entre El llanero solitario y nuestra Organización. Ya estoy temblando de miedo Robocop, ya están temblando los muchachos.

—No, espere, se lo digo, espere un minuto.

—Cuánto voy a esperar si los muchachos ya están allá afuera. Éstos no son unos ejercicios espirituales de colegio. Tenés que quedar bien delante de los vecinos, delante de tus amigos.

—Sí señor. Ya abro la puerta. Ya me entrego.

Un vecino se le acerca, le coloca el brazo sobre los hombros con gesto protector. Y luego unas señoras se acercan y dirigen la mirada hacia donde ella dirige su mirada: el automóvil acaba de cruzar la esquina y ha desaparecido, los dos jeeps que lo siguen lo hacen ahora. La anciana bajó del automóvil con gesto rígido pero seguro. Cuando se cruzó con el hombre rubio, alto, que dos muchachos fornidos llevaban discretamente del brazo no dirigió su mirada hacia éste, que en cambio sí fijó su mirada en ella, trémulamente, con un gesto amoroso, un gesto fugaz, ya que enseguida, fue introducido al auto. ¿Fue el atribulado ademán de aquel ser acorralado lo que llamó la atención de los niños que jugaban en las aceras, de la barra de muchachos que conversaba en la esquina? ¿Por qué se había descompuesto de tal manera quien horas antes había llegado con gesto arrogante, y con ademanes displicentes ni siquiera había reparado en ellos? Su figura parecía sacada de una carátula de discos. David Bowie y Rod Stewart, pelo hirsuto, pantalones, chaqueta de cuero brillante, pulseras de oro. Dejó abiertas las puertas del automóvil y miró con evidente alborozo la casa ostentosa que rompía desagradablemente con la fachada de las modestas casas del barrio. Fueron, claro, los niños quienes se le acercaron.

Les repartió billetes y permitió que detallaran su figura, sabiendo que, desde las casas lo observaban con la estupefacción propia de quien se siente incapaz de calificar una situación como la que estaba sucediendo, por carecer del más mínimo elemento de referencia para ello.

Los muchachos adoptaron al principio una actitud distante, pero luego sus miradas, su actitud se hicieron entre despectivas e irónicas. Dejó el equipo de sonido a un alto volumen, Men at work, el estallido de la música rebotó contra las paredes de las casas, sacudió las hojas de los árboles, escandalizó a los perros y se expandió entre las calles del vecindario. De pronto dejó de ser música y letra, y se convirtió en una serie de sonidos sincopados, fragmentados los unos de los otros, cada sonido a la búsqueda de su propio extravío, de su propia atonalidad, hasta lograr, momentáneamente, que cada color, cada textura se aislara, se fuera atomizando, el rostro rubicundo de un niño, la tonalidad cerúlea de una señora, el color desusado de un muchacho, de un perro callejero. Momentáneamente como la teatral aparición de un profeta rodeado de destellos cibernéticos, de rayos apocalípticos chisporroteando sobre el andén aterrado, antes de , con gesto olímpico, cerrar la puerta de su automóvil electrónico.

Y fue a las cinco en punto cuando apareció de nuevo en la puerta pero ahora con un gesto descompuesto, pálido como si Drácula le hubiera succionado la sangre. Y fue entonces cuando las señoras casadas, las viudas, los adolescentes comprendieron lo que de doloroso se escondía bajo aquellos gestos patéticos, en el desencajado rostro de aquel ángel caído. En aquella escandalosa verdad que ya desde su llegada habían presentido. Niños y muchachos se fueron arremolinando en la acera hasta que apareció el automóvil escoltado por los dos jeeps. Al verlos, aquel rostro de rockero compungido se sumió en las más frías y desoladas latitudes, pero no temblaba, sólo su mirada quería traspasar las cosas, acercar las lejanías, leer lo que se escribía en aquel larguísimo tiempo de espera, quizás con la confianza de que al conocer qué era lo que se aproximaba en aquella caravana de vehículos, podría cambiar el orden de los acontecimientos.

La anciana se quedó observando el resplandor último de la tarde sobre las montañas. Después giró y se quedó contemplando la casa, el antejardín, las flores. El volumen de dos pisos enchapados en mármol gris perla. El interior de la casa aparecía iluminado, de manera que era fácil calcular el desorbitado espacio de la sala, el alocado número de habitaciones vacías, el comedor solitario, la cocina vacía, los baños solitarios que nunca serían utilizados, los automóviles mudos en el garaje. Y era obvio ante aquella mudez que ninguna voz, ninguna algarabía de niños vendría jamás a darle sentido a aquella caprichosa construcción. La anciana emitió un débil quejido y cerró con dolor los párpados. Cuando se pensó que iba a entrar a la casa desanduvo los tres pasos que había dado y pareció, confusa, buscar un banco para sentarse. Al no hallarlo; titubeante, siguió en dirección a la esquina, hacia las casas de aspecto modesto como si quisiera en el centro mismo de la oscuridad desaparecer en ésta. Fue entonces cuando una de las vecinas la alcanzó, la tomó del brazo y luego con calma la condujo hacia una de las viejas casas del barrio donde la luz de un hogar la estaba esperando.

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La información que postemaos en el blog fue remitida por el Investigador Darío Ruiz y se encuentra publicada en la Revista Digital Intercultural Omnibús, Edición Especial, Nros 40 - 41. http://www.omni-bus.com/