Cocina y comida

 Saberes y sabores del Pacífico: Memorias culinarias y sonoras de Guapi

Hay proyectos que trascienden el papel y se convierten en actos de resistencia cultural. SonoGustoso, saberes, sazones y sabores de Guapi en el Pacífico colombiano es uno de ellos: una iniciativa que busca rescatar, documentar y celebrar la cocina tradicional de Guapi, Cauca, a través de las voces que realmente importan: las de las mujeres, los abuelos y las abuelas que han guardado estos conocimientos como tesoros vivos durante generaciones.

A través de las historias, las recetas y los cantos, este docupodcast es un ejercicio de memoria colectiva donde los sonidos del ambiente y el hacer cobran protagonismo: el golpe del pilón machacando el plátano, las golpes y maniobras de las manos que organizan la azotea, el chisporroteo del aceite al recibir el pescado fresco, las conversaciones en las cocinas de humo, la lluvia que suena en los tejados, el ritmo del mar que marca los tiempos de la piangua. Cada sonido cuenta una historia, cada técnica es un saber ancestral transmitiendo vivo.

La propuesta es necesaria: mapear la diversidad biocultural de Guapi desde sus fogones, reconociendo que la cocina no es solo alimentación, sino identidad, autonomía, territorio y resistencia. Es entender que cuando una abuela enseña a preparar el encocado, los aborrajados u otro plato, no solo transmite una receta: transmite una cosmovisión, una relación con el manglar, con el río, con la selva y con la comunidad.

 

Los pilares del proyecto

1. Documentar para avivar y convocar

El primer objetivo es claro: rescatar los saberes culinarios que han sobrevivido gracias a la oralidad. En un mundo donde todo se escribe y se digitaliza, estas tradiciones han resistido en la memoria de las cocineras tradicionales, las piangueras y las ancianas de Guapi, lideresas de la Fundación Chiyangua.

A través de entrevistas profundas, se recopilan historias de vida, recetas de algunos platos, las técnicas que requieren años de práctica, los secretos que solo se aprenden observando. Todo esto se convertirá en los cinco capítulos en un repositorio sonoro, disponible para investigadores, cocineros, estudiantes y, sobre todo, para las futuras generaciones que merecen conocer de dónde vienen.

2. Darle valor a los oficios y saberes

Hay una intención política en este proyecto: visibilizar saberes y oficios que históricamente han sido menospreciados o poco visibilizados. Las matronas cocineras guapireñas, muchas de ellas piangueras, todas mujeres que se internan en los manglares en condiciones extremas, son expertas ecológicas, magas del cuidado y el bienestar, y conocedoras profundas de los ciclos de la naturaleza. Las cocineras tradicionales son científicas empíricas, custodias de técnicas milenarias de conservación, fermentación y transformación de alimentos.

Este proyecto les da voz, les da espacio, les reconoce su lugar fundamental en los patrimonios culturales inmateriales del Pacífico colombiano asociados como la partería, las músicas de marimba, los bailes y cantos tradicionales.

3. Promover las identidades afro desde lo local hacia el mundo

La tercera pata del proyecto es la difusión. Se crea un seriado de cinco episodios temáticos que exploran diferentes dimensiones de la cocina guapireña: ingredientes locales únicos, platos emblemáticos, la comida en la vida cotidiana y en las festividades. Cada episodio es una ventana a un universo cultural afrocolombiano.

El sueño es ambicioso: posicionar la riqueza culinaria de Guapi como parte fundamental del patrimonio cultural inmaterial del Pacífico colombiano. Porque cuando reconocemos nuestros saberes, sazones y sabores y el mundo conoce y valora estas tradiciones, se generan condiciones para su preservación, emprendimiento y continuidad.

Un legado que se escucha


SonoGustoso es, en esencia, un proyecto de memorias y justicia cultural. Es reconocer que en cada plato de papachina, en cada plato con las hierbas de la azotea, en cada viche de mariscos, hay siglos de conocimiento acumulado, de adaptación al territorio, de creatividad en contextos de escasez y de celebración comunitaria.

Es entender que la cocina del Pacífico es patrimonio inmaterial, territorio sonoro, biocultural y afectivo. Y que preservarla es una forma de decir: aquí estamos, así vivimos, esto somos y lo compartimos, se los legamos. 

Porque mientras haya una abuela enseñando a preparar un alimento y a hacer la azotea,, mientras suene el pilón en las madrugadas y las piangueras conozcan los secretos del manglar, Guapi seguirá viva en cada bocado, en cada historia, en cada sabor que suena y cuenta un territorio de selva, río y mar.

La Ciudad Graffiti

Escrito en la calle

Portada de la publicación Escrito en la calle realizada por Mariana Yepes, Luis Flórez y Karen Gómez. 2025.

"Escrito en la calle. Color, forma, trazo y energía” es una guía gráfica y pedagógica pensada para escritores de graffiti que se apasionan por este universo, pero también para personas interesadas en las prácticas callejeras, visuales y gráficas, escrita por Mariana Yepes, Luis Flórez y Karen Gómez, acompañados por Verónica Morales (Rarónica) y 4 Elementos Skuela.

Contenido de la publicación Escrito en la Calle. 2025.
El material reúne contenidos esenciales sobre teoría del color, anatomía de la letra, partes y estilos del graffiti, así como recomendaciones sobre materiales y técnicas. Más allá de ser un manual técnico, la guía propone una mirada educativa y consciente sobre la práctica del graffiti: escribir en la calle como acto de reivindicación, comunicación, creación y construcción de identidad personal y afinidad colectiva.

Desde un enfoque que combina arte, pedagogía y cultura urbana, esta propuesta invita a explorar el color, la forma, el trazo y la energía como elementos que revelan la fuerza expresiva del arte urbano gráfico. La guía busca fortalecer la comprensión de estas prácticas como espacios de aprendizaje y diálogo, donde la creatividad se conecta con la reflexión, la memoria y el territorio.

Anatomía de la letra. Publicación Escrito en la calle. 2025.
La publicación es una herramienta abierta y didáctica tremenda, de las pocas que tenemos en la ciudad (sumado al libro de Worm), útil tanto para procesos educativos de las Escuelas de Graffiti como para experiencias comunitarias y artísticas, reafirmando que el graffiti y el arte urbano gráfico son trayectos formativos de pensamiento, sensibilidad, transformación social y creatividad.

Latidos

 Gleo


Nathalia Gallego Sánchez, más conocida como Gleo, nació en 1992 y creció en Cali, una ciudad tropical y diversa del suroccidente colombiano. Desde los diecisiete años comenzó a pintar muros como un gesto de libertad y búsqueda personal. Lo que inició con formas marinas frente a su casa —peces, criaturas acuáticas y movimientos de agua— se transformó con el tiempo en una poética visual marcada por los mitos, los símbolos y la espiritualidad. Sus personajes, casi siempre femeninos, aparecen envueltos en una atmósfera ritual: rostros enmascarados, miradas que arden con ojos amarillos, cuerpos que parecen portar secretos ancestrales.

Autodidacta y observadora del espacio urbano, Gleo considera la calle como una gran escuela, un lugar donde se aprende haciendo y donde el error, la lluvia o el roce de los transeúntes forman parte de la obra. En entrevistas ha dicho que “la calle es una escuela gigante, en la cual uno puede ser autodidacta, pintar y cuestionar el espacio público”, y que su arte pertenece a la gente que lo habita: “cuando pintamos en la calle, el trabajo final no nos pertenece, pertenece a la gente que vive allí; ellos deciden si lo preservan o lo eliminan” (Dinero, 2020; Beyond Walls, 2023). Ese carácter efímero es lo que da sentido a su práctica: el muro no es solo superficie, sino territorio compartido.

Trazos amarillos. Participación de Gleo en el Festival Extra Mural. Institución Educativa Héctor Abad Gómez. Sede Niquitao. Fotografía: Víctor Jiménez. 2025.
Su formación académica pasó por la Universidad del Valle, donde cursó Artes Visuales y Diseño Gráfico, pero pronto entendió que la técnica no bastaba. En la calle encontró una forma de conocimiento más intuitiva, más cercana a la experiencia. El aprendizaje fue también geográfico: viajó por Sudamérica —México, Brasil, Argentina, Perú— y se dejó nutrir por las capitales del muralismo. En cada viaje aprendió nuevos modos de entender el color, la figura y la relación con las comunidades. De allí viene su preferencia por los vinilos y pinceles, una elección que exige tiempo, paciencia y una dedicación casi meditativa.

Marcando el boceto. Gleo en acción. Institución Educativa Héctor Abad Gómez. Sede Niquitao. Fotografía: Víctor Jiménez. 2025.
Su obra se ha extendido por el mundo como una red de símbolos. En los muros de Cali, Bruselas, Lisboa, Santiago, Marrakech o Kansas, aparecen sus figuras místicas, híbridos entre lo humano y lo espiritual, que aluden a los cuatro elementos —agua, fuego, tierra y aire—, a la naturaleza y a las energías que sostienen la vida. Los ojos amarillos que se repiten en muchas de sus obras son, según la artista, una metáfora del ciclo y del infinito. En ellos se concentra una fuerza que conecta lo visible y lo invisible.

Gleo ha participado en festivales internacionales como el Mural Festival de Montreal y el Mauritshuis Murals Project en los Países Bajos. Su presencia en las calles de América y Europa la ha consolidado como una de las muralistas latinoamericanas más reconocidas de su generación, una voz que combina la sensibilidad indígena, el color popular y la reflexión sobre el espacio público como campo simbólico.

El nombre Gleo surgió una noche de juego con las letras de su propio apellido, Gallego. Entre tachones y garabatos encontró un sonido que la representaba: Gleo, la mujer del mar, como ella misma recuerda. Desde entonces firma así cada uno de sus muros, aunque su rostro rara vez aparece en medios; prefiere que su identidad permanezca en las paredes, en esas figuras que respiran la mezcla de lo onírico y lo real. En una entrevista con I Support Street Art dijo: “Soy una persona que simplemente pinta paredes, tratando de creer que en este trabajo encuentro una forma de ser libre”.

 Infancia de fuego, que ilumina el juego de la vida. Obra de Gleo. Institución Educativa Héctor Abad Gómez. Sede Niquitao. Fotografía: Juan David Bolívar. 2025.
Su obrar es una pintura que respira lo femenino y lo colectivo, un lenguaje donde el cuerpo es territorio y el color una forma de pensamiento. Cada mural de Gleo parece preguntarnos por lo que somos y por la relación entre el ser humano y el todo: la tierra, los dioses, la energía, la memoria y las personas. En una época en la que las ciudades tienden al olvido, sus muros actúan como espejos espirituales que nos recuerdan —con ojos luminosos— que seguimos habitando la misma materia, los mismos sueños.

Referencias:

Latidos

 Pulsaciones: Santiago Castro "Wordbta"

Hablar de Santiago Castro Pulido es recorrer más de dos décadas de historia del graffiti y del arte público en Bogotá y en otras ciudades del mundo. Artista urbano, investigador y curador, su trabajo ha sido un punto de encuentro entre la calle y la academia, entre el gesto espontáneo y la reflexión crítica. Con más de 25 años de trayectoria, Santiago se ha consolidado como una de las voces más lúcidas del arte urbano colombiano.

Formado como Maestro en Artes en la Universidad de los Andes y Magíster en Producción Artística por la Universidad Politécnica de Valencia, su práctica abarca desde el muralismo de gran formato hasta proyectos curatoriales y editoriales. Es miembro de colectivos emblemáticos del graffiti bogotano como MDC, Vértigo Graffiti y OKC, con quienes ha desarrollado intervenciones murales en más de diez ciudades alrededor del mundo.

Su obra explora las relaciones entre arte urbano, memoria y territorio. Uno de sus trabajos más reconocidos, El Beso de los Invisibles (2013), se convirtió en un ícono del muralismo contemporáneo por su potencia poética y su lectura sobre la exclusión social. Pero su legado no se detiene en el muro: Santiago también ha liderado investigaciones y publicaciones fundamentales para la construcción de políticas culturales en torno al graffiti. Entre ellas destaca Diagnóstico Graffiti Bogotá 2012, proyecto apoyado por Idartes y el Ministerio de Cultura, considerado una base para la política pública de arte urbano en la capital y en Colombia.

Además de su obra mural, ha desarrollado proyectos que cruzan la escritura, la edición y la curaduría independiente. Entre sus iniciativas se destacan:

Su práctica, entre el arte y la investigación, invita a mirar y vivir la calle, a reconocer el graffiti como un acto de resistencia estética, y una forma de conocimiento que dialoga con las prácticas creativas, las memorias urbanas y los cuerpos que las habitan.

Visualiza la charla virtual Pulsaciones. Conexiones y ritmos vitales, o da clic aquí

Latidos

 El pulso del arte urbano gráfico y el graffiti

La Bienal LATIDOS 2025 encontró en la Fiesta del Libro y la Cultura un escenario ideal para dialogar desde su eje académico sobre la historia, el presente y el futuro del arte urbano gráfico y el graffiti en Medellín. A través de un ciclo de dos charlas, artistas, colectivos y públicos diversos compartieron experiencias que evidencian cómo las prácticas gráficas y visuales se ha consolidado como lenguaje de resistencia, identidad y memoria en los territorios.

Integrantes de Prañas Crew. Fiesta del libro y la cultura. Jardín Botánico. Fotografía Juan David Quintero. 2025.
El 19 de septiembre, en el Cuentódromo, se realizó la primera charla del ciclo: “La ciudad de las amigas: mujeres, arte urbano gráfico y activismo”, protagonizada por la colectiva Pirañas Crew. Las artistas Juliana Ruiz, Luisa Cárdenas y Anyela Vanegas, reflexionaron sobre el papel de las mujeres en la construcción de ciudad desde el arte urbano, a la vez que hicieron el estreno del documental que lleva el mismo nombre de la charla. Asistieron estudiantes de instituciones educativas, quienes participaron activamente en un diálogo sobre arte, feminismo y comunidad.

El 21 de septiembre se llevo a cabo el conversatorio “El poder de transformación sociocultural del graffiti en Medellín desde los años 80”, a cargo de Alejandro Villada Ríos "Pac Dunga" del colectivo 4Eskuela, junto al escritor de graffiti Pastwo Mesk. El encuentro ofreció un recorrido por las raíces del graffiti local, desde sus inicios en los barrios hasta su consolidación como una expresión artística reconocida y respetada. La conversación, acompañada de una buena asistencia, puso en valor las cinco o seis generaciones de escritores y graffiteros que tiene el Distrito y el Valle de Aburrá desde la década de 1980, así como las experiencias de quienes han pintado la ciudad en estos 40 años, convirtiendo los muros en testigos de las luchas, sueños y resistencias.

Asistentes y panelistas en un domingo sobre la historia del graffiti. Fiesta del libro y la cultura. Jardín Botánico. Fotografía Víctor Jiménez. 2025.
Estas charlas, cargadas de memoria y experiencia, reafirmaron la potencia de estos seres visuales y gráficos, que han echo de estas prácticas lenguaje colaborativo, ciudadanía cultural y herramienta pedagógica. En un escenario dedicado a los libros y las letras, la voz del muro se hizo escuchar con fuerza por mujeres, jóvenes y escritores legendarios, recordando que la palabra también se escribe con color, aerosol y comunidad.