La Ciudad Graffiti

Arte urbano pictórico en Medellín: Libertad creativa

Universo graffiti. Producción conjunta. En la imagen obras de Blese, Jomag y Shamo. Galería Guayabal (Gaseosas Lux). Fotografía: Víctor Jiménez. 2025.
Medellín ha mantenido un arraigo marcado en el arte costumbrista, que privilegia la representación de imágenes ¨bellas¨ como fin último de la producción artística. Esa herencia visual ha nutrido el trabajo en los muros de la ciudad y ha favorecido su visibilidad. Sin embargo, resulta preocupante que esa lógica se presente como la única vía en los proyectos públicos; el arte urbano puede y debe ser también una herramienta de pensamiento crítico y de pluralidad estética.

Es importante destacar los grandes esfuerzos desde los distintos ámbitos por el fortalecimiento de la practica artística y las buenas intenciones con las que la mayoría ha trabajado en estos proyectos. Pero también es necesario replantear algunos puntos sugerentes a la libertad creativa, ya que ha sido una de las banderas que se promueven. En las recientes convocatorias y proyectos se observa una tendencia a priorizar objetivos, agendas y narrativas institucionales de ciudad que responden a políticas mas amplias que al mismo que hacer artístico.

Esta lógica produce algunos efectos preocupantes. Lo primero es que transforma el arte urbano pictórico al precarizar el trabajo creativo, limitar las narrativas emergentes y reducir el potencial transformador del arte urbano pictórico, enfocándolo únicamente en un producto para el consumo turístico, decorativo y propagandístico. Además, impone marcos curatoriales y administrativos que homogenizan estilos y prácticas. Así mismo, otorgan a funcionarios públicos con conocimientos en otras disciplinas y sin formación artística el poder de evaluar y validar las propuestas, incluso cuando estas se encuentran dentro de estos mismos marcos curatoriales pasando por encima de la autonomía del propio artista.

La precariedad habitual de las prácticas artísticas en nuestros contextos nos obliga a aceptar los proyectos pese a los desacuerdos que tenemos. De todas formas, creo que la crítica y el análisis profundo, con garantías y disposición, pueden fortalecer los procesos desde todas las partes involucradas. Por ello planteo algunas acciones concretas:
  • Mesas amplias en donde se expanda el conocimiento sobre el arte actual, sin sesgos previamente construidos ni jerarquías preestablecidas sobre lo que es válido en el arte.
  • Una curaduría y coordinación artística comprendidas como un acompañamiento y potenciación de procesos, y no como una “policía estética” que limite o condicione la multiplicidad de las propuestas artísticas.
  • Apertura a nuevos lenguajes contemporáneos, promovidos desde la formación académica e institucional, que incluyan voces de otras disciplinas y dinámicas artísticas.
En conclusión, proteger la libertad creativa no implica estar en contra de las tradiciones, sobre todo cuando estas hacen parte de las búsquedas genuinas de los artistas. Significa, más bien, abrir el campo de posibilidades, permitir que convivan múltiples sensibilidades y reconocer que la diversidad estética también construye identidad. La libertad creativa no destruye lo que existe, sino que lo amplía; No ignora la historia, la enriquece con nuevas formas de mirar y crear.

Jomag Ariza

Sociedades de control

Panópticos: Investigación creación 

Panópticos utiliza la fotografía como práctica artística y metodología de documentación para indagar sobre los dispositivos de vigilancia presentes en el tejido urbano de Medellín. A través de derivas urbanas por las comunas 5, 12, 13 y 14, la obra mapea panópticos visibles y menos evidentes: la presencia física de cámaras, postes y estructuras de control, así como los efectos espaciales y comportamentales que estos dispositivos generan en el territorio. Esta exploración trasciende la arquitectura de la vigilancia para evidenciar cómo estos mecanismos se han integrado y normalizado en la vida cotidiana, reconfigurando las formas de habitar el espacio público.

El proyecto parte del concepto de panóptico desarrollado por Michel Foucault, reinterpretándolo en el contexto de las dinámicas urbanas contemporáneas de Medellín, donde la vigilancia se materializa tanto en miradas, códigos de comportamiento, arquitecturas, cámaras de seguridad, torres de observación, CAI móviles, y otros dispositivos de control territorial que configuran una geografía específica del poder por medio del mirar y el observar en las comunas.

De igual forma, esta investigación creación dialoga con el concepto de capitalismo de vigilancia desarrollado por Shoshana Zuboff, que define la mercantilización de datos personales como un nuevo modelo económico donde las grandes corporaciones tecnológicas explotan la información que los usuarios ceden. La vigilancia contemporánea ya no es únicamente estatal ni está fija en estructuras arquitectónicas: se ha vuelto móvil, algorítmica y corporativa. Los dispositivos móviles, las aplicaciones y las cámaras que administran nuestros datos personales construyen una arquitectura global de modificación de la conducta, estimulándonos para que nuestros deseos encajen en sus necesidades comerciales y aceptemos el registro exacerbado sin cuestionamientos.

Panópticos trasciende la denuncia para proponer formas de resistencia y transformación desde las prácticas artísticas, la experimentación y las propias comunidades. Al extraer de su contexto aparentemente natural aquellos objetos que forman parte de estos mecanismos de vigilancia —tanto físicos como digitales—, la obra nos invita a cuestionar: ¿Qué normalizamos? ¿Qué dejamos de ver por habitual? ¿Cómo podemos repensar nuestra relación con estos dispositivos que nos observan, nos acompañan y nos configuran? El proyecto se estructura en tres fases —exploración y documentación fotográfica y sonora, producción material de la obra, y socialización comunitaria— apostando por un diálogo crítico que inflexione estas infraestructuras de control.

Para conocer más de la investigación creación, la obra y la artista, visita https://belzabala7.wixsite.com/panopticos

Cocina y comida

SonoGustoso. Episodio 5. Sazón futuro, legado vivo ¡Podcast!


Hay finales que son en realidad comienzos. El último episodio de SonoGustoso no cierra una historia: abre un camino hacia el futuro donde la tradición se siembra en nuevas generaciones. Porque el fogón de Guapi nunca se apaga, solo cambia de manos. Y en ese cambio de manos reside toda la esperanza.

Durante cuatro episodios hemos viajado por los ríos, los mares, las azoteas, los manglares, los fogones y las celebraciones de Guapi. Hemos escuchado las voces de las sabedoras, los cantos de las trabajadoras, los secretos de las cocineras. Hemos probado, a través del sonido, los sabores ancestrales del Pacífico colombiano.

Pero todo ese viaje tendría un sabor agridulce si no miráramos hacia adelante. La cocina tradicional de Guapi no es un museo, es un organismo que respira, se transforma y se proyecta. Las mujeres de la Fundación Chiyangua lo saben bien: su tarea no es solo cocinar como cocinaban sus abuelas, sino asegurar que sus nietas también cocinen, pero con las herramientas de su propio tiempo. Así, la cocina no es pasado sino futuro.


La Fundación Chiyangua es una organización sostén de las prácticas culturales de Guapi y el pacífico Es un proyecto político de preservación cultural, un acto de resistencia comunitaria y un puente generacional. En sus fogones y azoteas, en sus talleres y espacios no solo se preparan platos: se transmiten saberes, se fortalecen identidades, se construye futuro.

Las mujeres que integran la Fundación entienden que su legado es so oralidad, su forma de ser y su palabra. No se trata de repetir mecánicamente las recetas de las abuelas, sino de comprender los principios que las sostienen para poder adaptarlos a nuevas realidades sin perder la esencia.

Este legado se manifiesta en cada taller donde una joven aprende a preparar el aborrajado, en cada conversación donde se explica por qué ciertas hierbas son insustituibles, en cada momento en que una niña observa cómo su abuela transforma ingredientes simples en platos extraordinarios. Esta cadena de transmisión ha funcionado durante siglos en el Pacífico, pero hoy enfrenta desafíos sin precedentes.

¿Amenazas? Muchas. Las abuelas conocen los secretos de la cocina tradicional, pero muchas veces no han tenido la oportunidad de sistematizar ese conocimiento. Las nietas, por su parte, crecen en un mundo donde la comida rápida compite con los platos que requieren horas de preparación, donde las redes sociales muestran cocinas que nada tienen que ver con la suya.


Sin embargo, el fogón sigue siendo el lugar de encuentro. Allí, entre el humo y los aromas, se sigue transmitiendo lo esencial: no solo cómo cocinar, sino por qué cocinar de esa manera, qué significa cada ingrediente, qué historia cuenta cada plato. La Fundación Chiyangua ha sabido hacer de este proceso algo intencional, organizado, valorado.

Este episodio final no esconde las dificultades. Reflexionar sobre los retos de mantener viva la tradición en un mundo que cambia es parte fundamental del legado que se quiere transmitir. Porque solo reconociendo los obstáculos se pueden buscar caminos para superarlos.

Los desafíos son múltiples: la migración de jóvenes hacia las ciudades en busca de oportunidades, la desvalorización económica del trabajo culinario tradicional, la escasez creciente de ciertos ingredientes por cambios ambientales, la competencia de alimentos procesados que resultan más baratos y accesibles, la pérdida de espacios comunitarios donde antes se cocinaba colectivamente.

Pero junto a cada reto existe también una oportunidad. Las nuevas generaciones traen herramientas que pueden potenciar la tradición: capacidad de documentar en video y audio, acceso a redes que permiten dar a conocer la cocina guapireña más allá del territorio, creatividad para adaptar recetas sin perder su esencia, conciencia sobre la importancia de la soberanía alimentaria, la autonomía y la autodeterminación.

Esta es quizá la reflexión más poderosa de este episodio final. El fogón nunca se apaga, solo cambia de manos. Es el reconocimiento de que la tradición no es estática, que la cocina viva requiere renovación constante, que cada generación aporta algo nuevo sin por eso traicionar lo ancestral.


Las mujeres de la Fundación Chiyangua comparten esta visión con fuerza, amor y visión de futuro. Saben que sus manos, algún día, estarán cansadas. Saben que otras manos, más jóvenes, deberán tomar las cucharas de palo, avivar el fuego, probar el punto de sal. Y confían en que esas manos estarán preparadas porque ellas se están encargando de prepararlas. 

Un cierre que reivindica la tradición oral como memorias y fuerza transformadora. Porque la memoria no es nostalgia, es combustible del presente y acción para el futuro. Recordar cómo cocinaban las abuelas no es quedarse atrapado en el pasado, es tener fundamentos sólidos desde los cuales proyectarse.

La memoria de la cocina guapireña contiene conocimientos sobre soberanía alimentaria, sobre uso sostenible de recursos, sobre construcción de comunidad, sobre creatividad en contextos de escasez. Son conocimientos que hoy, más que nunca, el mundo necesita poner en práctica y dado el caso recuperar.

Cuando personas interesadas como nosotros o las juventudes de Guapi aprenden las recetas tradicionales, no están aprendiendo solo a cocinar: están apropiándose de herramientas para la autonomía, para la resistencia cultural, para la construcción de alternativas a modelos insostenibles de alimentación.

SonoGustoso ha sido precisamente eso: un viaje de la memoria al futuro. Empezamos escuchando las voces de las sabedoras, documentando sus conocimientos, registrando sus técnicas. Pero el propósito siempre fue mirar hacia adelante: crear un repositorio sonoro que permita que futuras generaciones accedan a estos saberes, que los valoren, que los continúen.

Este viaje nos llevó por las azoteas donde se cultiva la autonomía, por los manglares donde se recolecta con canto las pianguas y almejas, por los fogones donde se celebra la comunidad. Y nos deja en este punto final que es también un punto de partida: la certeza de que la cocina del Pacífico no se apaga, se transforma, se reinventa y se proyecta hacia adelante.


La tradición culinaria de Guapi es semilla de resistencia porque mantenerla viva es resistir a la uniformización cultural, a la pérdida de identidad, a la dependencia alimentaria. Cada plato que se cocina y come es un acto de afirmación.

Pero también es semilla de esperanza porque contiene las claves para un futuro más justo y sostenible. Las prácticas culinarias tradicionales del Pacífico son, en muchos sentidos, más ecológicas, más comunitarias, más respetuosas con el territorio que muchas de las que nos vende occidente y este mundo posmoderno y distraído.

El fogón de Guapi sigue encendido en las manos de abuelas, madres, mujeres y nuevas generaciones. Esta es la conclusión esperanzadora de este viaje sonoro. A pesar de todos los desafíos, a pesar de las amenazas a la tradición, a pesar de los cambios vertiginosos, el fogón sigue vivo.

Está vivo porque hay mujeres comprometidas con transmitir sus saberes. Está vivo porque hay jóvenes interesadas en aprenderlos. Está vivo porque existe la Fundación Chiyangua y otros espacios similares que valoran y protegen estos conocimientos. Está vivo porque la comunidad reconoce que en esos saberes culinarios reside parte fundamental de su identidad.

La cocina de Guapi es pasado, presente y futuro entrelazados en cada bocado. Es memoria que se come, identidad que se saborea, resistencia que se cocina, sazón que se escucha. Y mientras haya manos dispuestas a avivar el fuego, mientras haya oídos atentos a las historias de las sabedoras, mientras haya paladares que reconozcan el valor de estos sabores únicos, el sazón futuro estará garantizado y el legado seguirá vivo, sonando.

Este es el episodio final de "SonoGustoso", un viaje sonoro que reconoce y homenajea la cultura del Pacífico colombiano. Gracias a todas las mujeres de la Fundación Chiyangua que abrieron sus cocinas, compartieron sus saberes y nos mostraron que la cocina y comida son bienstar y semilla de futuro. Este proyecto es un testimonio de que el fogón nunca se apaga: solo cambia de manos, y en esas nuevas manos late la esperanza de que los sabores, los saberes, las sazones y la identidad del Pacífico seguirán inspirando y  alimentándonos. 

Latidos

 Exposición: Latidos callejeros

Medellín ha trazado un camino cultural propio, distinto al de otras ciudades del país. Su historia artística se ha construido desde la autonomía, dejando huellas como las Bienales de Coltejer (1968, 1970 y 1972), que marcaron un precedente al propiciar diálogos nacionales e internacionales y fortalecer la crítica, el coleccionismo y la educación artística.

Inauguración de Latidos callejeros por Daniel Escobar, director Agencia APP y Ana María Portilla de la Galería Somos y Casa Loma, operadores de la exposición. Centro comercial Palacio Nacional. Fotografía: Víctor Jiménez. 30 de octubre de 2025.

Cincuenta y tres años después, la ciudad retoma ese espíritu creativo con la Primera Bienal de Graffiti y Arte Urbano – LATIDOS, un espacio que articula prácticas académicas, expositivas y pedagógicas en torno a una comunidad que, por más de tres décadas, ha transformado el espacio público con color, formas, estilos y conceptos propios del graffiti y del arte urbano local.

Asistentes en la inauguración de la exposición Latidos callejeros. Centro comercial Palacio Nacional. Fotografía: Víctor Jiménez. 30 de octubre de 2025.

La Bienal se estructura a partir de intervenciones en gran y mediano formato, con la participación de artistas locales e internacionales, y con el acompañamiento de festivales y escuelas que han contribuido al fortalecimiento del movimiento del graffiti y del arte urbano en Medellín. Estas acciones se complementan con actividades orientadas a construir la memoria de esta práctica, a través de tres ejes curatoriales transversales: la libertad creativa, la memoria, el territorio y la identidad, y los muros hablan. La galería del Palacio Nacional abre sus puertas para visibilizar los procesos de artistas que dialogan con los lenguajes y símbolos del arte urbano. Cada obra se concibe como una postura frente a la sociedad, celebrando la diversidad de estilos, técnicas y narrativas que configuran la vitalidad de esta escena.

De izquierda a derecha: Juan David Quintero (líder curatorial), Santiago Arboleda "Numak" (director artístico) y Wilmar Martínez (coordinador) del equipo de Arte Urbano de la Agencia APP y la Bienal Latidos. Centro comercial Palacio Nacional. Fotografía: Víctor Jiménez. 30 de octubre de 2025.

Con la participación de 31 artistas locales, la Bienal busca fomentar nuevos públicos y dinámicas de circulación, llevando el graffiti y el arte urbano al ámbito galerístico como un gesto de reconocimiento y legitimación dentro de las prácticas contemporáneas del arte.

Artistas y escritores

  • AMBS
  • BICHO
  • BITTERSWEET
  • BRICK J
  • CADI
  • CERESO MONKEY
  • CHOSEN
  • CRAZY SAMZ
  • DELIRIO
  • EL BAROW
  • EYES
  • FATEONE96
  • FIGUEROA INFINITO
  • FIRE
  • FISH CORROSCO
  • FLUFFY RABBIT
  • LA LINTERNA
  • MKS
  • MORFE
  • MR SHIFO
  • NUKA
  • PAC DUNGA
  • PAUCAR
  • PEPE 96
  • RARÓNICA
  • SALVE
  • SCIFU
  • SEM
  • SEÑOR OK
  • YEE
  • YNCHE

De la calle al museo: graffiti, irrupción y anonimato. Centro comercial Palacio Nacional. Fotografía: Víctor Jiménez. 30 de octubre de 2025.
Juan David Quintero Arbeláez. Líder curatorial

Latidos

Pulsaciones: Agüd

En el gesto de Agüd, la infancia no es un recuerdo ni un tema; es un horizonte que se impone, una pulsación transmitiendo, todavía habitándonos.

Con más de catorce años de experiencia en muralismo, pintura y procesos comunitarios, este artista colombiano imprime en el muro la verdad de lo que no se olvida: la memoria, la desigualdad, la resistencia. Su obra es viaje y territorio, pero también retorno: a los rincones donde fuimos niñas y niños, donde aún vuelven a nacer las preguntas que nadie contestó.

Desde Colombia hasta España, Brasil, México, Perú, Italia y Estados Unidos, Agüd ha intervenido muros y espacios públicos, no para adornarlos, sino para reescribirlos. En la frontera entre México y Estados Unidos, su mural se ganó miradas por lo que denunciaba —la deshumanización de quienes migran— y por lo que ofrecía —su humanidad de vuelta.

Porque en su práctica, el arte es acción: junto a comunidades vulnerables, en contextos de migración o exclusión, ha liderado proyectos donde el muralismo se vuelve vehículo de transformación y sanación colectiva.

En esos muros, pintados en escucha y en comunión, Agüd despliega su compromiso: utilizar la creación plástica como herramienta participativa, como espacio de encuentro entre generaciones que han sentido la infancia como vulnerabilidad o el mejor momento de la vida. Su trabajo junto a fundaciones y comunidades transforma las paredes en cuadernos públicos gigantes de voz compartida.

La infancia se evoca y plasma como territorio simbólico y político: territorio de derechos, de memoria, de lucha. En los barrios y zonas donde interviene el arte dialoga con la desigualdad, con la marginación, con la esperanza y la vida cotidiana de la gente.

Visualmente, su obra combina figuración con atmósferas casi oníricas: rostros de niños, expresiones detenidas, paletas de colores que evocan el polvo del camino, las estrellas, las situaciones pasando, el sol que atraviesa la grieta de un muro. 

Su estética se sitúa en ese espacio híbrido entre el muralismo latinoamericano, el arte urbano contemporáneo y la intervención comunitaria: sale a la calle a inspirarse, tensiona sus ideas con los cuadros vivos de los espacios, comparte con la gente entendiendo sus necesidades y construye procesos. Lo participativo no es accesorio, es método, y quizás el corazón, la obra misma.

«A través del mural busco que la infancia no sea solamente lo que fue —la nostalgia— sino lo que podría ser: un derecho, una voz, un territorio para imaginar juntos». (AGÜD, entrevista para Infobae, 2025) infobae

Visualiza la charla virtual Pulsaciones. Conexiones y ritmos vitales, o da clic aquí 

La Ciudad Graffiti

Memorias del Spray: el legado del graffiti 


El domingo 26 de octubre de 2025, en el marco de la celebración de los 41 años del Hip Hop en Medellín, se realizó por Atómikos Crew el 3er Encuentro Memorias del Spray: El legado del graffiti en Medellín y su conexión con la cultura Hip Hop, una charla sin precedentes que reunió a voces fundamentales de distintas generaciones del graffiti local.


El evento tuvo lugar en la sede de Atómikoz y el Sindicato del vinilo en el barrio Boston de la comuna 10 La Candelaria de Medellín, y fue convocado por artistas, gestores y referentes del Hip Hop en la ciudad desde 1997, año en que crearon el grupo de rap.


En el encuentro participaron @brick.j.art (pintando desde la década del 1980), @bboymksuno (pintando desde la década de 1990), @pepegraffer_96 (pintado desde la década de 1990), y Hopaz (pintando desde la década de 2012), cuatro exponentes que han construido y sostenido los códigos, estilos y memorias del graffiti en el Valle de Aburrá.


Durante la conversación, de más de cuatro horas de duración, Checho Atómiko iba soltando preguntas, que permitieron trazar una línea de tiempo entre el pasado y el presente del graffiti en Medellín: sus orígenes en los barrios, su vínculo con el Hip Hop, las transformaciones estéticas y políticas del movimiento, y la manera en que las nuevas generaciones siguen apropiándose de la calle como espacio de expresión y resistencia.


El conversatorio fue una cita con la historia y las memorias personales de estos exponentes. Leyendas, veteranos y artistas emergentes compartieron experiencias que van desde los primeros muros hasta los actuales procesos comunitarios y pedagógicos del graffiti. El público, diverso y atento, participó en un diálogo abierto que reafirmó al graffiti como una práctica que crece cuando se construyen procesos de apropiación.

Puedes escuchar la conversación, dale play a los siguientes audios:

Cocina y comida

SonoGustoso. Episodio 4. Aborrajado de maíz, celebrando el Pacífico. ¡Podcast!


Hay platos que trascienden su condición de alimento y se convierten en eventos. El aborrajado de maíz es uno de ellos: un abrazo de comunidad que se cocina en Semana Santa y se comparte en abundancia, transformando el fogón en altar y la comida en ceremonia. En Guapi, este plato es símbolo de unión, memoria colectiva y celebración del territorio.

La cocina también es fiesta y abundancia en cada bocado. Esta verdad se hace evidente cuando llega la Semana Santa a Guapi y los fogones se encienden para preparar el aborrajado de maíz. No es casualidad que este plato se reserve para momentos especiales: su preparación requiere tiempo, ingredientes específicos y, sobre todo, la intención de crear algo que se va a compartir generosamente.

Cada grano de maíz molido cuenta la historia de un pueblo que se reúne alrededor del fogón para agradecer, compartir y recordar. Es la historia de un territorio donde el maíz llega de la tierra firme y se transforma en la sartén para crear algo nuevo, algo que solo existe en el Pacífico colombiano.


Teófila Betancurt y Marcelina Solís maestras del fogón, son sabedoras que guardan los secretos de un plato que conecta generaciones. Cuando ellas hablan del aborrajado, no recitan simplemente una lista de ingredientes y pasos. Revelan una filosofía completa sobre cómo la comida crea comunidad.

"El aborrajado es un abrazo de comunidad", dice doña Teófila con la sabiduría de quien ha preparado este plato innumerables veces, cada una con el mismo amor y la misma intención de crear algo que una a la gente. Y tiene razón: el aborrajado no se hace para comer solo, se hace para compartir con otras y otros.

Doña Marcelina complementa estos saberes con sus propios relatos, donde el fogón se convierte en altar de la abundancia. Porque hay algo ritual en la preparación del aborrajado durante Semana Santa, algo que va más allá de lo culinario y toca lo espiritual, lo comunitario, lo identitario.

Si entonamos la memoria del maíz en Semana Santa, el aborrajado es un plato que narra el territorio. El maíz representa la tierra, las siembras, la agricultura ancestral. Es un grano propio de estas tierras, que alimentó a los pueblos originarios y luego a las comunidades afrodescendientes que construyeron vida en el Pacífico.


Cuando se prepara el aborrajado, se está contando una historia completa del territorio: el trabajo agrícola, los saberes de la tierra, el conocimiento sobre cómo transformar el maíz en algo único y especial. Esta preparación no muchos procesos de alquimia y hasta magia. Es el resultado de siglos de conocimiento acumulado sobre texturas, sabores y técnicas que crean armonía. Es ciencia empírica disfrazada de tradición culinaria.

Más allá de todo esto, el aborrajado de maíz es símbolo de unión y memoria porque su preparación convoca a toda la familia. Las abuelas enseñan a las nietas cómo debe quedar la masa, ni muy espesa ni muy líquida. Las madres explican el punto exacto del aceite, ese momento preciso en que el aborrajado debe entrar a la sartén. Los niños aprenden observando, probando, ayudando en lo que pueden.

Cocinado en Semana Santa y en fiestas comunitarias, este plato marca los momentos importantes del calendario. Su presencia anuncia celebración, su abundancia garantiza que nadie se quedará sin comer. Porque esa es otra característica del aborrajado: siempre se hace en cantidad, siempre se comparte generosamente, siempre se manda donde los padrinos, siempre sobra para el vecino que llega.

Hay algo profundamente significativo en la forma como Teófila y Marcelina hablan del fogón. Para ellas, el fogón se convierte en altar de la abundancia cuando se prepara el aborrajado. No es una metáfora vacía: es el reconocimiento de que cocinar es un acto sagrado, especialmente cuando se cocina para la comunidad, cuando se prepara comida para celebrar.


El fogón es el centro de la casa en el Pacífico. Alrededor de él se cocinan los alimentos, se cuentan las historias, se transmiten los conocimientos, se toman las decisiones importantes. Cuando ese fogón se dedica a preparar un plato festivo como el aborrajado, se está creando un momento especial, un espacio-tiempo donde lo cotidiano se eleva a lo ceremonial (extra cotidiano).

Cuando Teófila y Marcelina preparan el aborrajado, cuando enseñan su receta, cuando cuentan las historias asociadas a este plato, están realizando un acto de resistencia cultural. En un mundo donde la comida rápida y los productos industrializados amenazan las cocinas tradicionales, mantener viva la preparación del aborrajado es defender la identidad.

Es decir: nosotros sabemos cocinar, tenemos nuestros platos, nuestras celebraciones, nuestras formas de crear comunidad alrededor de la comida. Es resistirse a que todo se uniformice, a que se pierdan los sabores únicos del territorio, a que desaparezcan las preparaciones que requieren tiempo y dedicación.

"Un plato que une, un sabor que celebra" no es solo un eslogan bonito. Es la descripción exacta de lo que representa el aborrajado de maíz para las comunidades del Pacífico. Cada vez que se prepara, se está celebrando: la abundancia de la tierra, el conocimiento de las abuelas, la continuidad de las tradiciones, la fuerza de la comunidad.


El sabor del aborrajado es inconfundible: la dulzura del maíz, la textura crujiente por fuera y suave por dentro, el punto exacto de sal que realza todos los ingredientes. Es un sabor que existe en espacios propios, un sabor que es pura identidad guapireña.

El aborrajado de maíz es, finalmente, una celebración en su totalidad. Celebra sus ingredientes únicos, celebra el trabajo de las mujeres que los cultivan, celebra los saberes culinarios transmitidos por generaciones, celebra la capacidad de crear belleza y abundancia incluso en contextos de dificultad.

Cuando se muerde un aborrajado recién hecho, caliente del fogón, se está probando siglos de historia, décadas de refinamiento de la receta, horas de trabajo en la preparación. Se está probando amor, comunidad, identidad y resistencia. Se está probando el Pacífico colombiano.

Mientras haya fogones encendidos en Semana Santa preparando aborrajados, mientras Teófila y Marcelina sigan compartiendo sus saberes, mientras las nuevas generaciones aprendan que la cocina también es fiesta y abundancia, el Pacífico seguirá vivo, seguirá celebrando, seguirá siendo ese territorio único donde cada plato cuenta una historia de resistencia, hermandad y alegría.

Encuentra más historias y recetas en el libro "Saberes y Sabores del Pacífico Colombiano", un documento que preserva la memoria culinaria de Guapi hasta Quibdó.

Latidos

 Pulsaciones: Worm

Con una trayectoria artística de más de 17 años, Worm, se ha consolidado como diseñador gráfico, escritor de graffiti y formador en la ciudad de Medellín. Muy joven empezó su exploración de la calle, el aerosol y el graffiti, con el colectivo Graffiti de la 5, y esa pasión lo llevó a desarrollar proyectos que van más allá de las paredes, su principal pasión.

Uno de sus hitos más destacados es la creación y edición de la revista de arte urbano Espacio Público con Graffiti de la 5, una de las primeras en su género en Medellín, así como del libro pedagógico-lúdico Estilos y Colores, dedicado al análisis, la enseñanza y la diversión de los estilos de graffiti, pensado para público infantil-juvenil. 

Su recorrido como escritor ha estado marcado por una dedicación firme al estilo salvaje (wild style) de la escritura urbana: desde throw-ups y block letters, hasta desarrollos complejos de wild style, siempre experimentando con nuevas técnicas y soportes.

Su conocimiento de diseño gráfico ha sido clave para evolucionar en las letras, el arte urbano comercial e independiente, y para colaborar con otros artistas en comisiones y trabajos conjuntos. Worm no sólo pinta: comunica, investiga, enseña y apuesta por una vida artística que conecta estética, calle y técnica.

En sus propias palabras: “Para mí el graffiti es un salvavidas … hoy vivo netamente de hacer letras, de escribir y de hacer graffiti y murales. Pasó de ser hobby a ser trabajo” (Revista Cartel Urbano). En su Instagram @wormwh o @WormPieces se pueden seguir sus piezas, lanzamientos y proyectos editoriales.

Visualiza la charla virtual Pulsaciones. Conexiones y ritmos vitales, o da clic aquí

Latidos

Bienal de graffiti y arte urbano de Medellín

!Artistas seleccionados para intervención en Galería Guayabal - Fase 2 y Sedes MásCerca - Centros de orgullo por Medellín!

Primeros trazos. Galería Guayabal. Fotografía cortesía Agencia APP. 2025.
Desde la Bienal LATIDOS 2025 se comparten los resultados de evaluación y selección correspondientes a las Invitaciones No. 3 (Fundación Grupo Argos – Galería Guayabal Fase 2) y No. 4 (Centros del Orgullo por Medellín – Sedes MásCerca).

En ambos procesos, la evaluación se desarrolló conforme a los lineamientos establecidos en cada invitación y con base en los criterios definidos en el Banco de Artistas Urbanos Gráficos de Medellín, garantizando transparencia, rigor técnico y representatividad artística en cada selección.

Invitación No. 3 – Fundación Grupo Argos (Galería Guayabal · Fase 2)


Guacamayas en el parque de la conservación. Artista: Jomag. Galería Guayabal. Fotografía cortesía Agencia APP. 2025.
Tras la revisión conjunta entre la Fundación Grupo Argos y la Dirección Artística del equipo de Arte Urbano de la Agencia APP, se seleccionaron los siguientes artistas para participar en la segunda fase de la Galería Guayabal, bajo la temática “Conexión Medellín – 350 años de construirnos juntos”:
  • Seta Fuerte – Alta Trayectoria
  • Fateone – Alta trayectoria
  • Eyes – Alta trayectoria

 

 Invitación No. 4 – Centros del Orgullo por Medellín (Sedes MásCerca)

Keysu. Galería Guayabal. Fotografía cortesía Agencia APP. 2025. 

En el marco de la alianza con el programa “Medellín es como Vos”, se seleccionaron los siguientes artistas de media trayectoria para desarrollar obras que representen los valores de orgullo, pertenencia, hospitalidad y talento que caracterizan a la ciudad:

  • Daniel Urrego – Mediana trayectoria
  • Morfe – Mediana trayectoria
  • Monroy – Mediana trayectoria

Los informes completos de evaluación y selección estarán disponibles para observaciones hasta el martes 21 de octubre a las 8:00 p.m., a través del correo: arteurbano@app.gov.co

Estos resultados evidencian la diversidad de miradas y estilos que hoy componen la escena del arte urbano en Medellín, un ecosistema en el que la memoria, la gráfica y la ocupación del espacio público continúan dialogando con fuerza a través de iniciativas como la Bienal LATIDOS.

Cada muro, cada trazo y cada propuesta son parte esencial de este gran proceso colectivo que sigue consolidando a Medellín como uno de los epicentros del arte urbano gráfico en América Latina.

Latidos

Bienal de graffiti y arte urbano de Medellín

!Se abren convocatorias públicas para intervención en Galería Guayabal - Fase 2 y Sedes MásCerca - Centros de orgullo por Medellín!

Mural en proceso en La Loma (Comuna 13 y San Cristóbal). Fotografía cortesía El Bicho. 2025.

Invitación — Fundación Grupo Argos (Galería Guayabal · Fase 2)

Bajo la temática “Conexión Medellín – 350 años de construirnos juntos”, esta convocatoria invita a los artistas del Banco de la Bienal LATIDOS a desarrollar una obra comisionada en alianza con la Fundación Grupo Argos.

El proyecto propone una reflexión visual sobre la historia compartida de la ciudad, su capacidad de transformación y la fuerza colectiva que ha hecho posible construir, entre generaciones, el Medellín que hoy conocemos. Una oportunidad para dialogar desde el arte con los 350 años de esta ciudad que no deja de reinventarse.


Invitación — Centros del Orgullo por Medellín (Sedes MásCerca)

En alianza con el programa “Medellín es como Vos”, esta obra concertada se inspira en el manifiesto “Qué orgullo Medellín” y en los valores que definen el carácter antioqueño: amabilidad, empuje, hospitalidad, solidaridad, pertenencia y talento.

Será un ejercicio de creación colectiva que conecta los barrios, las emociones y las identidades que hacen de Medellín una ciudad diversa y vibrante, donde el arte urbano se convierte en espejo de lo que somos y de lo que soñamos ser.

Ambas invitaciones están dirigidas exclusivamente a artistas inscritos en el Banco de la Bienal LATIDOS 2025.

📅 Cierre de postulaciones: lunes 20 de octubre, a las 10:00 a.m.
📍 Formulario de inscripción: https://forms.gle/Q54DiYEcHDrzsAxj9

La ciudad sigue latiendo. Cada muro es una historia en construcción, y cada artista, una chispa que alimenta ese gran mural colectivo, esa galería a cielo abierto llamada Medellín.

La Ciudad Graffiti

Disertación lírica sobre el Arte

Una reflexión del cosmos. Imagen cortesía Andrés Diez. 2025.

Wasmes, Junio de 1879

No conozco mejor definición de la palabra arte que ésta:

<<El arte es el hombre agregado a la naturaleza>>; la naturaleza, la realidad, la verdad, pero con un significado, con una concepción, con un carácter, que el artista hace resaltar, y a los cuales da expresión, <<que redime>>, que desenreda, libera, ilumina.

Vincent Van Gogh

El Arte nos permite sentir de otras formas, encender luces mientras se transita por la oscuridad y la censura; es un lenguaje simbólico y divino que conecta a los humanos con los “dioses” éstos mismos que habitan en las profundidades de cada uno de nuestros corazones; El Arte comprendido también como alternativa para gritar lo que no sale de nuestras bocas, es una puerta que se abre mientras otra se cierra, es una grieta que hace tambalear a las más sólidas estructuras, es vida, es un universo sensible que emerge de lo más puro de nuestra humanidad.

El Arte es posibilidad, es tiempo, es realidad. La forma como producto permite darle cuerpo, materia y espacio a las majestuosas ideas, es una representación hecha de memoria viva. La composición artística nos permite designar un sentido a cada una de las expresiones y plasmarlas. Siendo así, el artista adquiere una posición de creador, sensible, soñador y poeta.

El ejercicio pedagógico del arte pictórico. Fotografía cortesía Andrés Díez. 2025.
Divagar por la sensibilidad de aquel donador de sentido[1] lleva consigo una postura ética, política, filosófica y estética, que permite encontrarse un lugar en un mundo que muchas veces quiere opacar aquello que surge sutilmente, aquello que sólo es real y posible ante los ojos de sujetos atentos y sensibles a los fenómenos[2] que acontecen a diario.

El Arte nos invita a pensar en colectivo, es una aproximación a las reglas universales, o probablemente a una idea de deidad o de bien supremo: 

“Verdad, bondad, justicia, belleza, libertad, autodeterminación, posibilidad, oportunidad, virtud, responsabilidad, reconocimiento y vida, son especies del bien supremo al que la humanidad puede tender por derecho propio. Son intencionalidades cumplidas que han buscado colmar el plano de satisfacción de sentido. Es decir que se fundan en actividades en tanto que tales especies del más perfecto de los bienes son observables en los actos respectivos de saber, amar, equidad, actos estéticos, libres, autoconscientes, razonables, equilibrados, responsables, donadores de sentido original y protectores del otro. Se puede deducir entonces que el bien supremo es el conjunto, el tejido de actos que le consiguen al ser humano la excelencia, que lo hacen ser, en una semántica perfecta de lo que es racional, más hombre.” López, Andrés Felipe. (2015). "Disertación lírica sobre la educación. El trabajo de ser profesor es convertirse en un nuevo Prometeo". En: Psicología pura de la primera infancia y las experiencias fundantes (libro en prensa). Medellín: Editorial Universidad de San Buenaventura.: Editorial Universidad de San Buenaventura.

En este sentido, es una realidad pensar en que la vida humana se ha caracterizado en momentos históricos por transitar senderos oscuros, pero con una luz encendida en el horizonte. Y es exactamente eso lo que permite el Arte. El Arte es la posibilidad perfecta para trascender y espectar un mundo lúgubre y deshumanizado.


[1] Me refiero a la labor simbólica del artista. 

[2]   Siguiendo las líneas del Filósofo alemán, Edmund Husserl, en sus investigaciones referentes a su Fenomenología, se entiende por fenómeno como la manifestación de una actividad que se produce en la naturaleza y se percibe a través de los sentidos. 

Andrés Díez

Cocina y comida

SonoGustoso. Episodio 3. La piangua. Un tesoro de los manglares. ¡Podcast!

Hay oficios que se viven con todo el cuerpo. La recolección de piangua es uno de ellos: barro hasta las rodillas, agua salada que salpica, sol ardiente sobre la espalda y cantos que se elevan entre las raíces del manglar. Es un trabajo que exige fuerza, conocimiento profundo del territorio y una resistencia que solo las mujeres del Pacífico colombiano parecen poseer.

En los manglares de Guapi y Quiroga, Cauca, el molusco de la piangua es unan práctica social y alimentaria de siglos de tradición afrodescendiente: es sustento económico, es ingrediente fundamental de la cocina tradicional y es, sobre todo, un símbolo de la relación ancestral entre las comunidades negras y su territorio.

La piangua (Anadara tuberculosa y Anadara similis) habita en las raíces del manglar, ese ecosistema liminal donde el agua dulce se encuentra con la salada, donde la tierra firme da paso al mar. Recolectarla es un oficio y también un canto que une a las piangueras en una labor que requiere conocimientos especializados transmitidos de generación en generación.

El molusco piangua conecta mar, río y selva en un solo ingrediente. Viene del manglar, ese ecosistema único donde convergen aguas dulces y saladas. Se cocina con ingredientes de la selva como el chontaduro y hierbas de las azoteas Se acompaña con productos del río como el pescado. Es un punto de encuentro entre todos los ecosistemas que conforman el territorio del Pacífico.

Entrar al manglar es adentrarse en un universo complejo. Las piangueras saben leer las mareas, conocen los ciclos lunares que determinan cuándo y dónde encontrar las mejores pianguas. Saben distinguir entre las que están listas para recolectar y las que deben dejarse crecer. Este conocimiento ecológico es tan sofisticado como cualquier estudio científico.

El proceso de extracción es arduo. Ir a la puja significa adentrarse remando en balsas o ir en lanchas con motor, para luego, en el lugar buscar entre las raíces sumergidas, extraer los moluscos con cuidado y cantando para no dañar y preservar el ecosistema, cargar la cosecha en canastos que al final del día pesan decenas de kilos y regresar...

Los cantos de las piangueras no son un adorno folklórico. Son parte esencial del trabajo: marcan el ritmo de la labor, alivian el esfuerzo físico, crean comunidad en medio del manglar, transmiten conocimientos, cuentan historias. Entre risas, palabreos y agua salada, se revela un universo completo donde lo laboral, lo cultural y lo espiritual se entrelazan de forma indisoluble.

Ahora bien, la piangua es uno de los mayores tesoros del Pacífico, y no solo por su valor económico. En la cocina guapireña, la piangua es protagonista de múltiples platos emblemáticos: ceviche, sudado, tamal, arroz atollado, arroz endiablado y empanadas Cada preparación tiene sus secretos, sus técnicas específicas, su momento apropiado.

Cuando Esneda habla de la importancia de la piangua en la cocina tradicional, está hablando de mucho más que recetas. Está hablando de identidad, de sustento, de autonomía alimentaria, de la capacidad de las comunidades para alimentarse a partir de su propio territorio. Su voz nos guía en un recorrido sonoro donde cada concha tiene una historia que contar, donde el trabajo físico se entrelaza con la tradición oral, donde el barro, el agua y los cantos son el telón de fondo de un oficio que alimenta cuerpos y fortalece raíces.

Desafortunadamente, este oficio enfrenta amenazas enormes. La contaminación de los manglares, el cambio climático que altera los ciclos de las mareas, la sobreexplotación, las políticas que no reconocen ni protegen a las piangueras, la desvalorización económica de su trabajo y la presión de actores armados ilegales sobre las comunidades. 

Esto nos lleva a pensar la resistencia como alternativa y accionar, es decir,  su resistencia es silenciosa pero férrea. Cada día que salen a pianguear están diciendo: este territorio es nuestro, estos conocimientos son valiosos, este oficio tiene dignidad, esta forma de vida merece continuar, ya que la piangua guarda siglos de memoria afrodescendiente en sus conchas iridiscentes. Es testimonio de la capacidad de las comunidades negras del Pacífico para construir sistemas de vida sostenibles, para desarrollar conocimientos ecológicos profundos, para crear belleza y comunidad incluso en las condiciones más difíciles.

Así que mientras haya piangueras cantando en los manglares, mientras la piangua siga siendo protagonista en las cocinas guapireñas, mientras este tesoro continúe alimentando cuerpos y fortaleciendo raíces, el Pacífico seguirá vivo, seguirá resistiendo, seguirá siendo ese universo culinario que conecta mar, río y selva en perfecta armonía.

Porque la piangua es más que un molusco. La piangua es canto, trabajo y alimento. Es memoria que se extrae del barro, tesoro que se comparte en la mesa, tradición que se transmite en cada concha que pasa de manos expertas a manos jóvenes que aprenden el oficio ancestral.

Las piangueras son guardianas no solo de un recurso alimenticio, sino de todo un sistema de conocimientos ecológicos, de prácticas sostenibles desarrolladas durante siglos, de formas de relación con el territorio que hoy más que nunca necesitamos recuperar y valorar.

Proteger la piangua es proteger el manglar. Proteger a las piangueras es proteger un patrimonio cultural. Valorar su trabajo es reconocer que hay formas de relacionarse con el territorio que son más sabias y sostenibles que muchas de las que nos vende el desarrollo moderno y el capitalismo de vigilancia.

Este es el tercer episodio de SonoGustoso, una producción que celebra la cultura, los saberes, las sazones y los sabores del Pacífico colombiano. Escucha el testimonio completo de Esneda Montaño y acompáñala en su recorrido por los manglares de Guapi, donde cada piangua recolectada cuenta una historia de resistencia y comunidad. Un viaje sonoro de sabores y memorias que resisten en el territorio.

Latidos

 Pulsaciones: Eskibel

El primer mural que marcó el rumbo de la carrera de Eskibel apareció en 2009, cuando tenía apenas 16 años. Ya llevaba varios años explorando el graffiti y el tagging en las calles, experimentando con el aerosol y con la estética —y la ética— que define esta cultura urbana. Hasta mediados de 2018, la calle fue su principal escuela: allí aprendió las técnicas, los códigos y la potencia expresiva del muro como espacio de resistencia y comunicación.

En 2014 ingresó a estudiar Sociología en la Universidad de Antioquia, y esa experiencia académica transformó su mirada sobre el arte. Durante varios semestres desarrolló investigaciones sobre arte urbano, reflexionando sobre sus dimensiones sociales, políticas y simbólicas. De ese proceso surgió una propuesta visual vinculada al discurso del nuevo muralismo, corriente que integra elementos de la pintura de estudio, el muralismo clásico y el street art, con la intención de generar obras de alta plasticidad que inviten a la reflexión crítica.

El paso del graffiti al nuevo muralismo supuso para Eskibel una transformación profunda en su relación con la calle, los tiempos de producción y los territorios. Apoyado en los saberes sociológicos, la cultura Hip Hop y el proceso organizativo dela corporación Manguala, busca crear imágenes humanistas, cargadas de sentido social y diálogo comunitario. Cada mural se convierte en una conversación con quienes habitan los espacios donde trabaja, una apuesta que conecta su obra con el arte relacional y con la escucha activa de los territorios.

A lo largo de más de diez años de trayectoria, Eskibel ha participado en numerosos festivales locales, nacionales e internacionales, así como en espacios de conferencia y formación artística. Su práctica no se limita a la pintura: se expande hacia la enseñanza, la investigación y el debate sobre el papel del arte urbano en la transformación social. En cada muro, su obra deja ver una búsqueda constante por conectar estética, pensamiento crítico y memoria colectiva.

Visualiza la charla virtual Pulsaciones. Conexiones y ritmos vitales, o da clic aquí

Cocina y comida

SonoGustoso. Episodio 2. Las azoteas y las guardianas de la tierra. ¡Podcast!

Hay espacios que desafían su propia definición. Las azoteas de Guapi además de patios traseros con huertas, son universos elevados sobre pilotes, jardines suspendidos donde florecen hierbas, frutos y saberes que sostienen la vida misma. Territorios de resistencia y organizaciones que parten del cilantro como tejido, donde cada planta cuenta una historia de autonomía, cada semilla es un acto político y cada cosecha alimenta el cuerpo y la memoria colectiva guapireña.

En el Pacífico colombiano, donde el agua gobierna los ritmos de vida, las azoteas se convierten en espacios estratégicos de soberanía alimentaria y autonomía organizativa. Son huertas que guardan historias, resistencias y soberanía alimentaria. Más que patios: son ecosistemas completos donde la tierra se cultiva en diálogo constante con el río, el mar y la selva.

No es casualidad que sean las mujeres quienes han transformado estos lugares en verdaderos laboratorios de soberanía alimentaria. Soraida Montaño, doña Teófila Betancurt y doña Marcelina Solís son apenas tres voces de un coro mucho más amplio de la Fundación Chiyangua. Ellas son las guardianas de este espacio, donde han tejido en cada semilla una herencia de comunidad y futuro.

Cuando recorres una azotea en Guapi, ves un sistema complejo de conocimientos transmitidos por generaciones: qué hierbas crecen juntas, cuáles necesitan más sombra, cómo aprovechar cada rincón según la luz del sol, qué especies medicinales deben estar siempre a mano, cuáles son las especias, ramas y aromáticas esenciales para la cocina tradicional.

Allí conviven la chiyangua para todas la preparaciones, el cimarrón para los caldos, el orégano para los guisos, el poleo para las digestiones difíciles, el limoncillo para las fiebres, la albahaca que perfuma el arroz. Pero también están los frutales: la papaya que madura al sol, el plátano que nunca falta, el chontaduro que marca las temporadas. Cada planta tiene su propósito, su momento, su lugar en el ecosistema doméstico.

Este conocimiento es resultado de años de observación, experimentación y diálogo con el territorio. Las guardianas saben leer los ciclos del río, anticipar las lluvias, entender cuándo el mar traerá brisa salada que puede afectar ciertos cultivos. Sus investigaciones en el día a día son tan valiosas como cualquier estudio académico, aunque raramente se reconozcan como tal.

Las azoteas representan algo fundamental que a menudo se invisibiliza: la autonomía económica y cultural de las mujeres. En un contexto donde los alimentos procesados llegan cada vez con más fuerza, donde las semillas transgénicas amenazan las variedades locales, donde la dependencia del mercado se impone como única opción, estas huertas elevadas que conocemos como Azoteas son espacios de libertad.

Doña Teófila lo sabe bien. Cada mañana revisa sus cultivos, cosecha lo necesario para el almuerzo, identifica qué necesita atención. No depende completamente del mercado para alimentar a su familia. Tiene control sobre lo que come, sobre lo que cocina, sobre lo que transmite. Eso es soberanía alimentaria en su expresión más pura y cotidiana.

Soraida Montaño, por su parte, ha convertido su azotea en un espacio de experimentación constante. Cuando ella abre las puertas de su mundo cotidiano, descubrimos que su trabajo diario es también investigación aplicada: prueba nuevas combinaciones, recupera semillas que estaban desapareciendo, intercambia conocimientos con otras mujeres del barrio. Sus azoteas son explotarios (laboratorios) de biodiversidad y memoria.


Hay que decirlo claramente: sembrar en las azoteas de Guapi es un acto de resistencia. Es resistir a la uniformización alimentaria, a la pérdida de conocimientos ancestrales, a la dependencia económica. Es decir "nosotras sabemos cómo alimentarnos, conocemos nuestro territorio, guardamos las semillas de nuestros ancestros y ancestras". Cada planta que crece en una azotea es un puente entre el pasado y el futuro.  La azotea es su aula, la farmacia, una despensa y su legado.

Lo más extraordinario de estas azoteas es que no existen en aislamiento. Están en diálogo permanente con el río, el mar y la selva. Las mujeres saben que el agua dulce que sube con las mareas nutre de cierta manera, que la brisa marina trae sal y minerales, que los pájaros que vienen de la selva traen semillas en sus patas y su plumaje.

Este entendimiento profundo del territorio hace que cada azotea sea única, adaptada a su microclima específico, a su relación particular con los elementos. No hay dos azoteas iguales porque cada una responde a las condiciones específicas de su ubicación, a los saberes particulares de quien la cuida, a la historia familiar que la habita.

Estos espacios sostienen la cocina tradicional de formas que apenas comenzamos a comprender. Sin las hierbas de las azoteas, muchos platos perderían su identidad. Sin el conocimiento de estas mujeres sobre ciclos, combinaciones y usos, se perdería un patrimonio inmaterial invaluable.

Este conocimiento profundo ha quedado plasmado en cartillas fundamentales para la preservación de estos saberes. "Las Azoteas un embrujo natural" documenta precisamente esa magia cotidiana: cómo estos espacios aparentemente simples contienen universos completos de biodiversidad, técnicas agrícolas adaptadas al territorio y sabiduría acumulada durante generaciones.

El título no es casual: hay algo de encantamiento en ver cómo la tierra produce en lo alto, suspendida entre el cielo y el agua, desafiando las lógicas convencionales de la agricultura. Es un embrujo natural tejido por manos de mujeres que conocen los secretos de hacer florecer la vida donde otros solo verían limitaciones.


Complementando este trabajo, "Las Azoteas: El sabor y el aroma de la cocina tradicional guapireña" establece el vínculo directo entre lo que crece en las azoteas y lo que llega a la mesa. Porque no se puede entender la cocina del Pacífico sin conocer de dónde vienen sus ingredientes, quién los cultiva y por qué ciertas hierbas son insustituibles en determinados platos.

Estas cartillas son registros, documentos y herramientas de preservación (transmisión del patrimonio cultural inmaterial) y resistencia cultural, materiales etnoeducativos que permiten que el conocimiento de las guardianas llegue a nuevas generaciones de forma organizada, sin perder su esencia oral y práctica.

Las azoteas son archivos vivos de biodiversidad, bancos genéticos comunitarios y formas alternativas de organización y resistencia, donde se preservan variedades adaptadas a las condiciones específicas del territorio. Son espacios de investigación empírica donde las mujeres, sin laboratorios ni títulos académicos, realizan trabajo científico de primer nivel todos los días.

Pero quizá lo más hermoso de las azoteas es su dimensión comunitaria. Las semillas se intercambian entre vecinas, los esquejes viajan de casa en casa, los consejos se comparten en las tardes, las cosechas se regalan cuando abundan. Las azoteas tejen redes invisibles pero sólidas de apoyo mutuo, solidaridad y cooperación.

Cuando Soraida, Teófila y  Marcelina abren las puertas de su mundo cotidiano, nos están mostrando un modelo de vida donde la autonomía es posible, donde el conocimiento ancestral tiene valor, donde las mujeres y las plantas son protagonistas fundamentales de la sostenibilidad.