COMA CUENTO Y CARNE.
Publicidad de los cortes de la carne de Res de FEDEGAN. En Carnicería de la Placita de Flórez. Foto: Camila Flórez. |
Alimentación, consumo y publicidad de la carne.
La alimentación es una necesidad y una elección cultural, y ocupa más que un lugar o un espacio pues no se refiere sólo a lo que se incorpora o se expande, habla de lo que somos y seremos desde los productos objetos en los que posamos nuestros sentidos al engullirlos y la subjetividad al apropiárnoslo adquiriendo rutinas de comunicación y compra.
La alimentación como proceso cultural en la modernidad alimentaria:
Haciendo las Fotos para un catalogo de Carnes. Foto: Camilo Gaviria. |
Un ejemplo claro de esta situación es lo que eran a grandes rasgos los espacios donde se expende carne: de la plaza de mercado, la feria dos veces a la semana en la ciudad, el encuentro y regateo en el espacio público por la carne salada y al aire, pasamos a técnicas de conservación, congelamiento y comercialización vinculadas con el espacio privado –público- hipermercado apoyado en un modelo publicitario de propiciar el consumo de Carnes –o marcas- empacadas al vacio, que usted, el comensal globalizado, selecciona de unos refrigeradores y los empaca en bolsas plásticas.
Haciendo las Fotos para un catalogo de Carnes. Foto: Camilo Gaviria |
La publicidad, el consumo y el alimento Carne:
Catalogo publicitario. Diseñador: Camilo Gaviria. |
O sea que si se trata de tener hatos ganaderos en Colombia y de ofertar en los almacenes de cadena diversas marcas y carnes, se concluye que se logra a cabalidad, siguiendo la propuesta de modelo que subyace en el párrafo anterior. En lo que no hay una respuesta muy clara, es cuando se dilucida el problema de que de 100 colombianos 15 consumen carne en la actualidad, según la encuesta nacional de la situación nutricional[1], y que la mayoría de la gente en el campo y en los barrios periféricos de la ciudad(es) accede muy poco a un alimento considerado necesario e importante dentro de la canasta familiar por ser rico en proteínas y fundamental para el crecimiento y el consumo mínimo de calorías por persona; sin embargo viene la paradoja o el mito en esta ciudad y país, pues en las bocas de nosotros y los medios de comunicación somos un país tendente a la ganadería, creemos que la carne conforma uno de nuestros platos principales de lo que llamamos cocina colombiana y defendemos a cabalidad el ya viejo slogan del fondo nacional de ganaderos de no coma cuento coma carne, cuando se está alimentando de arroz, sopa y agua panela como plato fuerte del día.
Porcicarnes. Expendio en el barrio Buenos Aires. Foto: Camila Florez |
La enajenación alimentaria y la imposición de modelos de subjetividad es lo que se ha querido imponer desde la política o el discurso oficial, el pensamiento médico y de la nutrición, incluso desde los terratenientes, los ganaderos y actualmente desde el plan 2019 Colombia todos a marchar ¡una bovino por habitante¡[2], pues se promueve el discurso de que se consuma carne por la población colombiana, pero que pasa, la carne es un producto suntuoso en el presente y en el pasado, ligado a elites y grandes clientelas al cual acceden los que tienen como financiarlo. Entonces dadas estas condiciones de existencia la mayoría de la población ni le llegará una adecuada porción de carne de los 48 millones de cabezas proyectadas que existan al 2019, en 28 millones de hectáreas del territorio colombiano.
Encontramos entonces que la comida es simbólica y habla de quien la consume, de su grupo y sus gustos. En consecuencia, es comúnmente utilizada para caracterizar la identidad (un plato típico) o sentido común de una población, hablar de la economía de una región, de los gustos locales, pero además, para hablar de las retóricas de una colectividad, pues al hacer su parte como signo y símbolo cultural permite su articulación discursiva entre alimentos y por lo tanto la construcción de gramáticas visuales que hablan de la cultura local. Los alimentos y las prácticas alimentarias hablan de lo que somos.
Porcicarnes. Expendio en el barrio Buenos Aires. Foto: Camila Florez. |
Hipermercados, sentidos, estética y carne alimento:
Continuando estos enlaces entre publicidad, consumo, ganadería, espacios que propician consumos, hipermercados y tratando de seguir una línea desde la estética funcional de Leroi Gourham, hemos llegado a entender que existe un comportamiento ESTÉTICO que Constituye el tejido de relación individuo/grupo, mediante un código de emociones que asegura la inserción afectiva en la sociedad, un biopoder.
El biopoder lo definimos aquí como el conjunto de mecanismos de rasgos biológicos que pueden convertirse en una estrategia general (política) de poder. La noción de poder significa la habilidad y destreza de estructurar el campo de acción del otro, interviniendo en el dominio de sus acciones posibles. En el campo publicitario y para el objeto de este ensayo, el biopoder se entendería en el caso de la publicidad de la alimentación en los supermercados como los mecanismos de diseño, atracción, orden, selección, disposición, organización, serialización y uniformidad de los productos con el fin de capturar y conducir a los consumidores a otros productos, otros comportamientos, valores, tiempos, rutas y otras necesidades.
Publicidades de Carnicerías en la Plaza de Mercado la América y en el barrio la América. Comuna 12. Fotos: Víctor Jiménez. |
Para el caso de la carne que trinchamos, incorporamos y engullimos en lo local, rural y nacional podemos decir que cada vez se pasa más de los ritmos y valores de la carne que lo asocian con lo animalesco y sangriento a formas y estilos de presentaciones refinadas de gran trabajo y cositeria en la preparación, la oferta, el comercio, el orden culinario al que pertenecen y la tradición cultural especifica o regional en la que se inscribe.
Se siente que la estetización de la oferta y del consumo de carne emerge de un proceso a la par de la cultura delgada y light que es la intelectualización de hechos biológicos, logrando cohesión con el medio natural y social, valiéndose de utilizar en este caso la publicidad, el comercio, los restaurantes y la gastronomía las sensaciones Viscerales, Dérmicas, Musculares, Olfatogustativas, Auditivas y Visuales, al igual que del aprovecharse del privilegio que el comensal o poblador da a lo que ve y lo que oye.
La humanización del TIEMPO y el ESPACIO, que se logra a través de los SIMBOLOS es el campo por excelencia privilegiado por la publicidad y el universo alimentario para transformar desde los consumos los gustos y representaciones sociales, es lo que llamaríamos una estética de la carne propia de la alimentación que se relaciona fuertemente entre su forma y su función, espacios que se crean a dentro fríos, iluminados, llenos de refrigeradores y asepsia a más no poder, donde los carniceros se visten igual que los panaderos, completamente de blanco, fieles a una ESTETICA FUNCIONAL en donde se busca lograr la imposición de un discurso y un modelo de comportamiento de cada ciudadano en el espacio que propicia la compra. Es decir la publicidad –visual- basa en la percepción su estrategia de fondo para generar la demanda en los consumidores y en conclusión su manera de actuar logra realizarse en el habitante que compra en la carnicería adentro o al frente del supermercado.
Arreglador de Carne de cerdo en una carnicería de la plaza de mercado la Minorista. Foto: Leonardo Jiménez |
[1] De cada 100 colombianos 15 consumen carne, 3 de cada 10 consumen verduras. ENSIN. Encuesta Nacional Sobre la SITUACIÓN Nutricional en Colombia 2009 - 2010. Noticias vista en las noticias del canal RCN de las 12:30 m. 03/06/2010.
[2] Plan Estratégico de la Ganadería en Colombiana 2019. PEGA. Veren: http://portal.fedegan.org.co/PEGA_Regionales/03_Documentos/PEGA%202019.pdf. 10/06/2010. 11:17 pm.
[3] Leroi Gourham, André. El Gesto y la Palabra. Universidad central de Venezuela. 1971.