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Cultura Punk en Medellín

Memorias subterráneas: Desadaptadoz


Para mí hay pocas bandas que trascienden la música. Y las que lo logran, se convierten en lugares de encuentro, en bibliotecas humanas, en entornos seguros, en formas de comprender una época. Desadaptadoz es una de ellas. Y desde niño, me han transmitido ese sentir y pensar habitando la contradicción como un legado.

Hablar de Desadaptadoz es nombrar el barrio y la comuna Castilla, es nombrar las galladas, los sollis y las caminatas, es reconocer una referencia obligada del punk rock medellinense. Es ante todo, agradecer a un proyecto cultural que durante casi cuatro décadas ha acompañado la historia de las culturas subterráneas de Medellín y Colombia, dejando una huella que también dialoga con el rock y el punk de América Latina.

Su historia comenzó en una ciudad atravesada por la violencia, donde la muerte parecía ocupar todos los titulares. Mientras Medellín contaba víctimas, desde los barrios populares surgían otras formas de nombrar la realidad cruda y cloaca que vivimos, esto siempre me trae al recuerdo su canción "Llamando a Medellín". En ese contexto, Desadaptadoz encontró en la música un lenguaje para hablar de la rabia, la amistad, la dignidad y la resistencia, convirtiendo cada ensayo, cada concierto y cada canción en una forma de permanecer, de huelga, de lamentos de suburbio.

El fanzine Desadaptadoz: 39 años recoge ese recorrido desde un lugar profundamente humano, la sonrisa y la pluma de "Caliche", un gran artista, activista, escritor y gestor del barrio. Como advierten sus primeras páginas, no pretende ser una biografía oficial ni construir un monumento alrededor de la banda. Su apuesta es otra: hacer memoria, seguir la senda de la auto publicación que nos ha marcado tanto. Recordar a quienes hicieron parte del camino, a quienes ya no están físicamente y a quienes continúan presentes en las canciones, en los afectos y en los barrios donde esta historia comenzó.

El fanzine reivindica el valor de la rememoración y de las memorias como una práctica cotidiana. Nos recuerda que las escenas musicales también producen archivos, afectos y formas de comprender la ciudad; que detrás de cada disco, cada volante fotocopiado y cada concierto autogestionado existen redes de solidaridad que hicieron posible una cultura independiente cuando casi nadie apostaba por ella.

Leer este trabajo también es recorrer una parte de la historia del punk en Medellín. Es reconocer cómo Castilla se convirtió en uno de los territorios fundamentales para la consolidación de una escena que encontró en el Hazlo Tú Mismx una forma de crear, organizarse y resistir. Desde allí, Desadaptadoz ayudó a construir una identidad que desbordó las fronteras del barrio para dialogar con escenas de todo el país y de América Latina.

El gallinazo que atraviesa el fanzine resume bien esa intención. Considerado por muchos peste, basura o anuncio de muerte, para el punk y Desadaptadoz es un guardián de las memorias que la ciudad suele olvidar. Sobrevuela los márgenes, acompaña los recuerdos y nos recuerda que hay historias que siguen vivas porque todavía existen personas dispuestas a contarlas.

En tiempos donde la memoria suele reducirse a efemérides o aniversarios, publicaciones como Desadaptadoz: 39 años demuestran que los fanzines continúan siendo una herramienta imprescindible para documentar las culturas subterráneas desde sus propias voces, capacidades y medios. Son archivos de la autogestión, documentos de una época y testimonios de una forma de hacer cultura que nunca esperará el reconocimiento institucional para existir.

Gracias a Desadaptadoz por estos 39 años de música, amistad, coherencia y resistencia. Y gracias por recordarnos que, mientras haya alguien dispuesto a escuchar, cantar, escribir o fotocopiar una historia, el punk seguirá siendo mucho más que un género musical: seguirá siendo una forma de hacer cultura, arte, memorias y resistencia desde abajo.

Cultura Punk en Medellín

Una noche para activar el archivo

Conversación, collage y memorias en 3652 Días de Ruido



Las exposiciones abren conversaciones, derivas y nuevas propuestas. Con esa idea se realizó, el jueves 11 de diciembre de 2025, una jornada de activación de la exposición 3652 Días de Ruido en la Casa Taller Des-Tiempo, ubicada en el barrio Boston de Medellín.


El encuentro fue concebido como un espacio de mediación y creación colectiva, donde las imágenes del archivo fotográfico de Luis Herrera y los materiales de la plataforma Hazlo Tú Mismx se convirtieron en el punto de partida para dialogar sobre el punk, la autogestión y las culturas subterráneas de la ciudad.

La programación reunió distintas experiencias que permitieron recorrer el proyecto desde varios lenguajes. La jornada comenzó con una mediación de la exposición, invitando a las personas asistentes a conocer el proceso de investigación creación que dio origen a 3652 Días de Ruido, el trabajo colectivo y a reflexionar sobre el valor del archivo como herramienta para preservar la memoria de la escena entre 2014 y 2025.


Posteriormente se realizó la proyección del episodio cinco del seriado documental Sentir Pensar Punk: Puentes Punk ampliando la conversación sobre las prácticas de autogestión, los espacios independientes y las formas de resistencia cultural que atraviesan la historia reciente del punk en Medellín.


El cierre de la jornada estuvo dedicado a la creación colectiva. A partir de recortes, imágenes, textos y materiales gráficos, las personas participantes construyeron un collage sobre LP reciclados, recuperando una de las prácticas editoriales más representativas del Hazlo Tú Mismx. La actividad que tomó casi dos horas, permitió compartir experiencias, intercambiar memorias y demostrar que la creación colectiva sigue siendo una herramienta para producir conocimiento y fortalecer los vínculos.















Cultura Punk en Medellín

3652 Días de ruido: toques, fotos y memorias

¿Cómo se archiva una escena que vive de la inmediatez? ¿Cómo conservar aquello que, por naturaleza, parece destinado a desaparecer: un concierto, un volante pegado en un poste, un pogo, una conversación después del toque o una banda que solo existió durante unos meses?

Estas preguntas atraviesan 3652 Días de Ruido, un proyecto de investigación creación que convierte el archivo fotográfico de Luis Herrera (@migueluxho_) en el punto de partida para reconstruir casi once años de historia de la cultura subterránea en Medellín, entre 2014 y 2025.


La fotografía como registro documental, se asume como una herramienta para investigar la ciudad y sus formas alternativas en los margenes. Cada imagen captura conciertos, músicos, espacios autogestionados, estéticas, afectos, encuentros y redes comunitarias que han sostenido la escena en estas segunda y tercera década del siglo XXI.

El proyecto articula distintos lenguajes y formatos para narrar una misma historia en una páginas web que expande la expo (https://3652diasderuido.net). Su núcleo es el archivo fotográfico construido por Luis Herrera, pero este dialoga con un conjunto de dispositivos que amplían la experiencia y permiten comprender el ruido como una práctica cultural.

Entre ellos se encuentra un mapeo por año de los toques, un repositorio de canciones, una colección de volantes, la galería de fotos y el fanzine, una publicación independiente que reúne fotografías, textos, reflexiones y ejercicios alrededor del concepto de ruido entendido como una forma de tejer memorias y caminos de resistencia.

Finalmente, el proyecto incorpora una dimensión performativa a través del "Toke", una activación sonora para la inauguración y el cierre del acontecimiento, en la que la investigación vuelve al lugar del que proviene: el encuentro entre personas, bandas y comunidades. En espacios como Casa Taller Des-Tiempo y El Hormiguero, la exposición se transforma por medio de los espacios de mediación, como el parche Coctel explosivo, siendo la imagen y la música inspiradores de nuevas narrativas y memorias.

Uno de los mayores aportes de 3652 Días de Ruido es demostrar que la investigación también puede construirse desde la recolecta, la solidaridad, colectivos y archivos que producen las propias comunidades. Las fotografías constituyeron la oportunidad de un trabajo colaborativo y de un acervo etnográfico que permite comprender cómo las culturas subterráneas crean sus propios lugares de encuentro, sus formas de organización y sus maneras de vivir recordando.

Fanzine de la exposición y la web. 2025


Fanzineroso Vocerx Libertarix. Artículo de Rocío Rojas sobre la exposición

Ciudad de Letras.

Gitano Urbano: Poeta del Hombre: Registro de Ciudad.

Ciudad de letras es un documental de creación que cuenta la historia del poeta Leo Castillo en su trasegar literario y vital por los laberintos de una ciudad tan intangible como real. La narración intenta escribir versos visuales a un ritmo vertiginoso y sin rima para revelar una experiencia de vida extrema en una ciudad sin puntos ni comas.

Culturas Musicales Callejeras


Músicas: Mixturas Urbanas. Voces, Ruidos y Sonidos


Algunos de los participantes del Diplomado en Culturas Musicales Callejeras.  Diciembre 2011. Fotografía: Tito Gómez.
Dedicado a Claudia, Juanchu, Riggaz, Diana, Lyon, Alcizar, Vito, Esteban, Juan Pablo, José Manuel, Giovany, Angélica, Titto, Juan Fernando, Medina y Clavijo.

En las músicas se conjugan diversas manifestaciones políticas, teóricas, performativas y recreativas de las formas del ser y hacer huellas, trazos, in-imágenes, símbolos, signos y marcas en los centros urbanos; el lenguaje y la estética musical como unas prácticas de vida situada en la calle, la esquina y el asfalto conduce a transformaciones concretas de las actitudes personales, de grupo y de la sociedad que generan cambios en los referentes, representaciones y sonidos.

Nos parece vital que se difundan los sonidos como forma de asir, de saber y de cultura, las palabras en cadencia a través de la música, acompañado de un mensaje consiente –que busca el estilo propio- y que se expresa en él y frente al contexto del cual nace su opción musical, artística, plástica, estética o política.

Por ello, la lírica en ensayo sonoro de este escrito para el ruido de fondo de la voz alta dentro del sonido contaminado, urbano, lleno de humo, azares y espontaneidad que se sigue a continuación, hace un viaje por -algunos de los lugares- los aprendizajes, saberes y prácticas puestas en situación en el proceso y espacio -del diplomado- de las culturas musicales callejeras, a la luz de traer las voces en apuntes del contexto local de las agrupaciones, cantantes, gestores culturales, activistas y colectivos vinculados desde la música como proyecto, forma, fondo, propuesta, mensaje y alternativa de exteriorizar lo que pasa en sus barrios, calles y ciudad; con la intención de ir cotejándolo con el pensamiento crítico reflexivo individual en la búsqueda de producir conocimiento práctico desde las triadas comunicacionales, en colectivo y desde la lógica de la recepción.


En este recorrido se trata de hacer emerger voces, entender sus cuentos, mirar para donde va el ámbito y la episteme musical local y escuchar para acercarse o alejarse como investigador y activista de lo que hoy son las prácticas de dichas comunidades que se han constituido de las experiencias urbanas que son atravesadas por el sonido, es decir; la interrogación a la que buscamos respuesta se pregunta por el que tan cooptadas están estas experiencias y subjetividades en un mundo urbano de la ciudad servicios, y la industria cultural, que tan organizadas y cuales pensamientos más allá de un simple momento de la vida se visibilizan en las discusiones, recuerdos, problemas y conversaciones con las y los compañeros que participamos del diplomado.

Expresiones del Barrio. Leonardo Jiménez. Octubre de 2011.
Partimos de una gran colectividad urbana, que habita en general en los barrios de la ciudad de Medellín y otras ciudades en su rededor interconectadas en el modelo de ciudad regional. En espacial, en especial las y los jóvenes se articulan en grupos y unidades más pequeñas de relación con una visión estetizante de la vida que se hace día a día en las comunidades de sentido que re-significan y re-crean las músicas extranjeras, del afuera que son apropiadas en lo local como articulación de grupos de afinidad como preguntas por lo propio y lo autónomo.

Así se demuestra que las y los jóvenes están construyendo formas de encontrarse que crucen sus gustos y afinidades políticas, sin estar separados de un sujeto constructor de una sociedad diferente, o lo que normalmente denomina un sujeto político. Algo así como música coherencia y apuesta política. En la realización musical se conjugan los sonidos, los colores que produce, la imagen del ambiente y una apuesta –política-, es decir, una re-dimensión lo público desde el cuerpo, las nuevas redes, medios y canales de información, por los cuales las y los jóvenes reafirmamos lo apropiado o reprochamos de lo foráneo desde nuestros gustos, nuestro pensamiento ideológico y las ideas “innovadoras”.


Las músicas y sus culturas asociadas que escuchamos y hacemos hoy son ante todo espaciales y visuales ya que tienen que ver con el sujeto, lo que hay en él y pasa por él, el efecto y las consecuencias de la música en las manifestaciones colectivas que nos van definiendo, encontrando en este universo de pensar y hacer una plenitud y proyectos de vida críticos al sistema, al estado, a la alienación, a la homogenización e idealización en prototipos de cuerpos y comportamientos objetos y mercancías.

Grupo 1. Diplomado Culturas Musicales Callejeras
Lo paradójico es que en esta área urbana regional en donde interactúan y se relacionan no hay un reconocimiento y respeto por las culturas musicales callejeras que tienen escenas o movidas “tradicionales” entre ellas, hay una tolerancia que se disimula bajo el sofisma de la diferencia y la diversidad, de bocas para afuera, y tampoco las tribus, familias, comunidades culturales urbanas en gestación o subterráneas son tenidas en cuenta. Para obtener un lugar, voz, voto, opinión cada proceso, grupo, colectivo debe recorrer su camino. No hay una relación directa e intencionada de unos procesos musicales integrales, auto gestionados, con trabajo en metodologías de redes y saber colectivo que no sólo obedezcan a los cánones del consumo y la cultura del capitalismo rapaz del entretenimiento.


Ordenemos esta rizomáticas reflexiones así. Lamentablemente, la producción fonográfica de la ciudad de Medellín es mínima para las diversas expresiones musicales en las que las personas encuentran sus formas de afinidad. No se da una articulación entre los distintos colectivos, prefiriendo cada uno trabajar independientemente con los pocos recursos que cuenta, existiendo muchos estudios y ensayadores privados a los cuales se les puede cuestionar la calidad. A la par que la formación, la creación, la producción y la difusión musical de la ciudad de Medellín carecen de apoyo económico, espacial y técnico.

Esta realidad mantiene en un estado de desinformación y transbordo inadvertido a un amplio público o comunidad musical, que no encuentra una opción diferente a una industria musical comercial, lo que contribuye deliberadamente a la desinformación, al desconocimiento general de las culturas a las que pertenecen dichas expresiones, la indiferencia, el embrutecimiento, la pasividad y el consumismo.

Vaya paradoja. El rock, el hardcore, el punk, el rap, la fusión, el ska, el metal, el reggae, algunxs electrónicos y todos los géneros en que se despliegan cada una de estas culturas populares y urbanas del caribe, Norteamérica y Europa están muy influenciadas en el caso del que tratamos por nuestros contextos de inseguridad, agresividad, violencia, pocas oportunidades y por paseos a través de las calles como territorios de la vida, la imaginación y la inspiración, por ser representaciones análogas y globalizadas de la urbanalización que son muy similares de los contextos urbanos de los que hablamos aquí o allá en el primer o el tercer mundo.


Siendo los músicos, activistas, artistas, gestores, etc. seres máquinas de observación, cuerpos territorios de un espacio construido de los tejidos de las músicas urbanas, de lo que logramos interpretar de lo que nos seduce de un mundo y una localización que ofrece y vende soluciones y mercancías, consumos y necesidades suntuosas que nos diferencian en vía de la feminización, la apariencia y la superficie, algo así como un prototipo de ser en las músicas “alternativas” (distinto al ethos paisa o colombiano: hombre de carro, casa, beca, buen trabajo y mujer de casa, hijos y conservadora), las cuales nacen de experiencias de seres interesados desde la afinidad social: política, estética o rutinaria, comunicar coherencia, diferencia y mezclas más que el lucrarse… y que con el tiempo, en el pasar del hacer asociado al proceso creativo, gráfico, técnico y demás de las músicas “de lo otro, la inclusión, la subjetividad singularizada”, me voy a un modelo comercializado, vertical y jerarquizado que obedece a las leyes y reglas de la ganancia, la fama y el mercado.

Allí tambalean los principios y la búsqueda ética, la música entra en contradicción por su multiplicidad y complejidad abigarrada en su trama callejera y ciudadana, se vive en tensiones permanentes con lo que se expresa en las líricas de las canciones de los discos, no se espera vivir de la música, pero tampoco suplir funciones que competen a los estados, a las sociedades, a los gobiernos locales y a la empresa privada. Se trata de insertarse con procesos plásticos, gráficos y creativos con y en el mercado, pero en general el que esta del lado de las culturas y su producción siempre sale perdiendo al ser utilizado, engañado y vulnerado por el sistema, las instituciones y los hombres y mujeres de cuello blanco.

Diana Avella y Evelyn. Antimili Sonoro. 2011. Ataque al sistema patriarcal.
Retorno a lo underground, el subterráneo, lo no regularizado y que aunque se vaya institucionalizando en el entretenimiento pertenece por siempre a las fisuras, escisiones del sistema: estrategias y manifestaciones colectivas no normatizadas de los que realizan las prácticas sub-versas y contra-culturales.

El underground está asociado a lo raro, a lo extraño, a lo fuera del estado, también se define como un proceso espontáneo. En Metrallo, el underground se relaciona más con lo subterráneo, entendiéndolo como una amorfidad que no implica dejarse de relacionar con el mundo, lo importante aquí es no dejarse encasillar y desde las redes, las músicas y sus manifestaciones ser críticos tratando de estar por fuera del sentido común.
Lo subterráneo se describe para nuestra ciudad y sus barrios en la resistencia contra el destino del ser, las leyes, la represión, la brutalidad, el militarismo, la estructura alienante, el machismo; a la vez que es una propuesta y un lugar de situarse para reflexionar y construir la autonomía y el mundo. Las culturas callejeras, las músicas urbanas extranjeras que nos hemos apropiado, la amistad como generador de los puentes y los diálogos, el vestuario y un discurso moldeado son algunas de las características que describen de manera general unas experiencias desde abajo, de relaciones horizontales en donde importa más el mensaje que la técnica y se privilegia la producción propia, la capacidad relacional y el hazlo tú mismo. Empero ¿Qué puede considerarse underground y subterráneo en Medellín ante una manipulación mediatizada y un disfraz en nuestros propios saberes para materializar los sueños cueste lo que nos cueste?


Las músicas mixturas de esquina, barrio y ciudad, de calle, ghetto y centro urbano se instalan en una negociación constante con el contexto, sin dejarse regularizar ante las visiones y propuestas que ceden en dicho trámite, pues en este lugar de hacer y decir se defiende una ética y una revolución personal, grupal que parte de las afinidades, las cuales en la mayoría de los cantantes, gestores, artistas, y agrupaciones está en proceso de definición y consolidación. Dichos nichos también son por ello siembre y semilla, “formación popular, etnoeducación y circulación” por fuera de lo oficial y las instituciones que lo representan –aunque much=s de los seres que desde la acción lo promueven no lo estén vinculando-.

Ahora, con muchos de los compañeros del territorio del diplomado hablábamos del presupuesto participativo y la gestión con la empresa privada como estrategias que utilizan, cooptan los principios de la relación de producción de sentido desde las músicas, lo autónomo, el antiautoritarismo y la desconfianza en estructuras del estado. Problematizando este realidad en la que se encuentran inmiscuidos muchas agrupaciones, crews, corporaciones, asociaciones hip-hop, pensamos que hoy el underground se ha transformado y que ya no sólo es el hazlo tú mismo sino el gestionarlo con otros sin perder el control y la autonomía de la obra, pues vivimos un proceso de hibridación donde la música con sentido político busca insertarse en muchos de los casos en un mercado empresarial como una manifestación cultural. Algunos raperos defienden que participar de PL y PP y de la inversión estatal en sus proyectos culturales no diezma ni oprimen sus intenciones o mensajes, permitiéndoles materializar usar y “recuperar” lo expropiado.


En estas discusiones de las músicas urbanas hemos esbozado dos criticas. De una parte se defiende que al priorizar y ejecutar dineros oficiales en escuelas, eventos, conciertos, festivales, piezas comunicacionales, etc., más que contradiciendo nuestras apuestas estamos ejerciendo nuestra participación y nuestro poder como ciudadanas y ciudadanos, ya que si no lo hacemos nosotros reconocemos que hay políticos y personas con mentalidades tradicionales y corruptas que criticamos, que desvían el dinero a sus intereses particulares y no para los grupos visibles que se manifiestan en la comunidad.


Vale decir que muchos de los procesos emprendidos por grupos de afinidad de jóvenes, hombres y mujeres tienen pocos lugares en donde asistir y oportunidades de financiación de sus proyectos. La critica a este complejo de situaciones y que ya se encuentra implícita en las apreciaciones de los que gestionan su cultura callejera con los entes y dineros públicos es que la corrupción, los resultados cuantitativos, los indicadores de proyecto y los resultados presentados en los medios de comunicación son simplemente una cortina de humo de una maquinaria de gobierno a la que los sonidos y la lírica de la música hechas en la periferia se oponen tácitamente, por no decir directamente. Es por eso que al hacer uso y gestión de estos recursos nuestras palabras que causan efectos en los cuerpos y las vidas entran en fricción y choque con visiones puristas y de la mixtura, en un mercado a medio camino entre la creación propia y la industria cultural.

De otra parte la mayoría de jóvenes, grupos, colectivos, cantantes, gestores culturales carecen de una capacidad critica y política, es decir, de una formación cualificada que les permita fortalecer la autogestión, la cogestión o gestión social musical con entidades, instituciones y otros grupos oficiales y no regularizados, esta formación o el interés de generar debates, mas que ejecutar presupuestos de actividades llevará a que los grupos de punk, las iniciativas audiovisuales, las escuelas de hip-hop, los gestores culturales del reggae tengan argumentos de peso que permita generar un reconocimiento de las diferentes culturas urbanas y acciones públicas en pro de sus quehaceres y rumbos, pues desde mi visión y organización de activistas se respira una apoliticidad, un cansancio por lo autogestivo y una ausencia por preguntarnos como queremos vivir.

Después de estas particularidades que ponen a prueba la construcción del underground de una ciudad -naturalizada en la violencia y la resolución del conflicto social por medio de las armas, el terror y la agresión- que se hace día a día en el espacio construido como problema de inspiración y desafío, nos permite decir que, además de todo lo anterior lo subterráneo es una percepción o manera que no se puede delimitar, que tiene que ver con el culto, con la rutina pero ante todo con la praxis, con una teorizacion en la experiencia del barrio, de la calle, de lo urbano, lo local y su relación con el mundo.


Es claro que un músico o una agrupación que se aleja de la música como entretenimiento y hits, se basa en principios humanistas, busca generar pensamientos, transformar, mostrar ángulos y puntos de vista no normalizados, estandarizados; de igual forma esta actitud da posibilidades como las de hacer y decir cosas que no hubieran pasado antes sin esta comunidad de sentido, la posibilidad de hacerme parte de, de difundir las ideas y sentirme parte de algo que transciende y deja un vestigio en la historia oral, urbana y glocalizada.

Música para comunicar, expresar, hacer denuncias, resaltar, condenar, atacar, liberarme de lo que me oprime, resaltando las subjetividades individuales y políticas. Es una opción de vida, de construirme como otro referente distinto al pillo, al panadero, al gerente, al ventero que en apariencia me libera de muchas dependencias. En síntesis es las forma en que cada persona ve y vive el mundo y por eso no podemos decir que el underground, las músicas callejeras son un concepto, una fundación o una definición inamovible, todo lo contrarío dentro de las comunidades hay conflictos constantes y a veces irreparables dentro del reconocimiento de la identidad de las y los otros como miembros, en sí, dentro del mismo subterráneo se genera pero también se lucha contra unos estándares institucionales por el tiempo y el vivir sometidos en un mundo de aburrimiento.


La Cultura como un sistema simbólico de valores, creencias y actitudes el cual es aprendido y compartido, un sistema que forja e influye a su vez las percepciones y el comportamiento de los seres humanos que viven bajo ella, es decir; se trató de mostrar cómo el capitalismo se apropia a través de la publicidad, la tecnología y las ciencias sociales -que son parte del acervo cultural- de las formas, expresiones y prácticas culturales, es decir; de la influencia de los medios o canales para hacer de la cultura y la creatividad gestión, emprendimiento y mercancía.

Lo anterior significa que hoy la cultura es vista como un proyecto, como algo que se termina, un producto o pieza gráfica/publicitaria, perdiendo sus principios de proceso colectivo, manifestación individual, colectiva consciente y que recurre a estrategias de memoria, apropiación, transmisión y resistencia por las y los seres humanos, los cuales en últimas los definimos como entes y cuerpos que emanan artes de hacer y de decir, enriqueciendo nuestras expresiones de vida, de cultura. Así que el reto mayor de la producción cultural y de las músicas urbanas es dejar de hacer por hacer arte por arte, buscando crear procesos que se auto producen, devienen, resisten, tiene pensamientos y se apropian.

Ante todo subterráneo, callejero, barrial, pues no existe músicas inspiradas en la calle sin el barrio, los barrios que la ciudad turismo, museo y apariencia no incluye en sus guías. Las vías, las carreras de los centros históricos y de las ciudades no serían la poesía urbana nacida del asfalto sin los desechos humanos rockerxs, punkerxs, metalerxs, hiphoperxs, activistas y artistas, que aún siendo los residuos del sistema colados en sus lógicas, la carne de cañón y las maquilas de la explotación y las violencias desde el anonimato, lo marginal, lo clandestino, los puntos de encuentro inflexionan e instalan en multidimensiones, la praxis integral en la edificación de música hechas de voces, ruidos, sonidos y mixturas urbanas

Nuestro grito no es sólo de horror. No gritamos porque enfrentemos la muerte segura en la tela de araña, sino porque soñamos con liberarnos. Gritamos a medida que caemos desde el peñasco no porque estemos resignados a ser despedazados contra las rocas sino porque todavía tenemos la esperanza de que podría ser de otra manera.
"Cambiar el mundo sin tomar el poder", de John Holloway

Inicios de un ensayo lírico. VHJD. Castilla Patria.